ALERTA GENERAL EN EL MOVIMIENTO SINDICAL

“El proceso en donde se encuentra inmersa la clase trabajadora, necesita de un sindicato libre en su combate, independiente en sus decisiones y eficaz en todos los planos en que se juega el destino de la misma”.

ANTON SAAVEDRA (10 de setiembre de 1988).

Duros, muy duros tiempos corren para los sindicatos. Actualmente, en casi todos los países del mundo occidental, se asiste a una “alerta general” sobre el movimiento sindical, entre otras cuestiones, porque la derecha económica ha hinchado velas y surca con potencia las agitadas aguas del capitalismo rampante. Por donde se mire se aprecia una auténtica ofensiva en todos los frentes: flexibilización del mercado, desregulación de la economía, recomposición del aparato productivo sin parar en los costes sociales derivados del proceso…, y es que la actual ofensiva globalizadora no es otra cosa que un ataque estratégicamente dirigido contra los logros democráticos y sociales que alcanzó la lucha en el transcurso de este siglo.

Hoy en día existe realmente algo así como una clase capitalista unida internacionalmente y en una estrecha relación de cooperación con los aparatos de Estado nacionales, transformados en “Estados de libre competencia”. Una clase que conoce muy bien sus claros intereses económicos que contrasta con aquellos contra quienes se dirige la lucha – los trabajadores – , irremediablemente divididos y fragmentados que viven en condiciones económicas, políticas y culturales sumamente distintas e involucrados, cada vez más fuerte, en conflictos recíprocos nacionales, raciales y “fundamentalistas”, extremando de esa manera lo que siempre ha sido la lógica del dominio capitalista: la escisión social y la desorganización política de los oprimidos.

Lo que se viene describiendo con el concepto de “globalización”, aparentemente inocuo, no es en el fondo nada más que eso. Nada nuevo en el escenario si tenemos en cuenta que la dinámica de la sociedad está determinada, hoy como ayer, por la acumulación de capital, y que la acumulación de capital es siempre lucha de clases – nada tiene que ver con la lucha de frases – , si bien bajo diversas formas históricas y con agentes cambiantes. La potencia de este verdadero tsunami es tal que se afirma, que el “margen de maniobra es estrecho”. Tan estrecho dicen que no hay más opción que marcar el paso en la fila. Un traspiés y se queda descolgado, desconectado, aislado del sistema internacional.

Al menos esta es la teoría que manejan al unísono los banqueros, los empresarios, los responsables económicos de los gobiernos y sus “títeres sindicales”, los mal llamados sindicatos de clase, U.G.T. y CC.OO. en el caso español que conocemos y analizamos. Y, en el marco de la teoría y la práctica, con un objetivo muy definido: meter en cintura a los trabajadores, doblegar su resistencia. El mensaje no puede ser más transparente: si quieren, los trabajadores de los países industrializados avanzados, seguir avanzando en ese pelotón de privilegiados y no sumarse a las masas hambrientas del tercer mundo deberán ceder parte de sus actuales privilegios en forma de drásticas contenciones  salariales, renuncia a una parte sustanciosa del llamado salario social que la bonanza económica anterior hizo posible, condiciones de trabajo aleatorias … En otros términos, el capital promete mantener parte de los privilegios relativos sólo si tiene las manos libres si no, a pesar suyo, hará las maletas e invertirá en otra parte.

Decir que en países intermedios la situación es aún si cabe más dramática es decir bien poco. Los síntomas están ahí: paro estructural, creciente precarización del empleo, práctica inexistencia de las ventajas de un estado de bienestar que nunca existió, economía sumergida cada vez más pujante… La línea entre solventes e insolventes, entre estables y precarios con ser ya muy preocupante no ha hecho sino comenzar desde hace bastante tiempo. Las autoridades económicas, entre contradicciones anuncian nuevas reconversiones o cierres dando pie a una realidad obvia: la de la reconversión permanente en función de las necesidades del mercado mundial.

En estas condiciones los sindicatos de U.G.T. y CC.OO. navegan a favor de esa corriente, tal como se demuestra en el día a día. A partir de esa triste realidad cabe preguntarse acerca del papel tan denigrante que desarrollan en la actualidad como meras corporaciones de corte franquista para administrar ciertos “asuntos sociales del Estado” que, como en el caso de los multimillonarios fondos para la formación de los trabajadores, sirven para mantener su tan gigantesca como corrupta burocracia. Si van a seguir actuando de esa manera o si, por el contrario pueden convertirse en el instrumento de transformación de la realidad buscando una salida, que implica una total regeneración, para el conjunto de la fuerza del trabajo.

El problema es sumamente grave por muchas razones. Enumeraré dos: la primera concierne al movimiento obrero en sí mismo. Sin un sindicalismo decidido, combativo y eficiente, al servicio de los trabajadores, el mundo obrero continuará en la situación de explotación y alineación que hoy conoce. Y ello porque “el volúmen de explotación es directamente proporcional a la capacidad que poseen los hombres de explotar a sus semejantes”. Mientras más domine una clase social, una situación que le permita explotar a las otras más las explotará efectivamente. La segunda razón sirve para la sociedad entera: el movimiento obrero es un factor dinámico decisivo en el desarrollo de la sociedad industrial.

Corre una propaganda incesante sobre el carácter “reformista” y no “revolucionario” de los sindicatos en los países más prósperos.  Sus portavoces nos auguran que ese es el sentido de la evolución que se impone en toda sociedad desarrollada. ¿Basta esa profecía para condenar la reivindicación obrera, el sindicalismo activo, la huelga laboral y la prueba de resistencia cuando éstas son necesarias? ¿ Han de renunciar los trabajadores a imaginar su futuro y el de nuestra sociedad a expensas de esa “evolución positiva”?

No hace muchos años la rebelión era fácil para el obrero: nada tenía que perder, pues lo peor era lo que tenía ante sí. Hoy, en cambio, el crecimiento económico hace que en las sociedades más ricas el obrero vacile ante la duda de qué es lo peor. El “canto de sirenas” neocapitalista ha estragado la reivindicación obrera. La clase trabajadora no ha sido capaz en muchas ocasiones de advertir la falsedad de las proposiciones que se le hacían, y en muy pocas ha sabido responder a la nueva estrategia capitalista con una nueva y adecuada táctica obrera. No pensamos que se pueda resolver la cuestión recurriendo a la teoría marxista del empobrecimiento progresivo. Pero creemos también que es imposible negar la situación de pobreza en que se encuentra la clase trabajadora. Pobreza no es sólo carencia de medios, pobreza es también la distancia entre las posibilidades humanas y las riquezas que se podrían conseguir y las que realmente se poseen.  Contra esa pobreza ha de actuar el verdadero sindicalismo .

Esa política alicorta ha provocado el total descrédito en el mal llamado “sindicalismo de clase” que practican U.G.T. y CC.OO.  El gigantismo y el centralismo de lo burocrático axfisian toda espontaneidad y el impulso de los elementos más decididos. Se jerarquiza al extremo la estructura, la alta directiva aparece como intocable a los sindicatos, se multiplican las rencillas y las luchas por el sillón, etc. y todo ello termina en una opresión para el obrero : los tres patrones del obrero – Patrón, Sindicato y Gobierno – le tratan como a un niño en tutela, lo que está provocando una escisión profunda entre la masa y sus “dirigentes”.

Lógicamente, esta situación continuada termina provocando el desinterés del obrero por cuanto atañe a su sindicato y a su específica condición de obrero. Ahora bien, la democracia no será posible en la práctica sin el interés de los ciudadanos, la solidaridad y una acción responsable. La clase trabajadora va perdiendo, en buena parte por culpa de “su” sindicato, esas cualidades: abandona su responsabilidad laboral en manos del funcionario sindical a sabiendas de que poco podrá esperar de la acción de éste. Todo el espíritu democrático se limita a una rutinaria elección de candidatos para esos puestos a donde se acude con la navaja abierta en la mano, para que, una vez elegidos, desentenderse de los verdaderos problemas de los trabajadores.

En este sentido, es probable que una revolución “anticapitalista” nunca haya sido tan fácil como hoy, y simultáneamente es probable que los hombres nunca hayan sido tan incapaces de mirar más allá de sus constricciones cotidianas, y de desarrollar una sensibilidad que les permita percibir de qué posibilidades se les está privando continuamente y reconocer la real indignidad en la que se les fuerza a vivir. Una revolución real ha de ser por tanto no sólo social y política, sino sobre todo una revolución cultural. En este sentido, la diversidd, la descentralización y la multiformidad de las luchas no sólo resulta forzosa, sino que también es productiva. Si la revolución significa la abolición de una situación de coacción social, también implica el final de la “sociedad” como contexto de dominio. No existen recetas para ello. Pero la teoría revolucionaria solamente se desarrolla en y a través de la lucha práctica.

ANTON SAAVEDRA

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Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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