APUNTES PARA UNA HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO VI

huelga-minera1126-anton-saavedra8Continuando con mi particular historia sobre el Movimiento Obrero, hoy me referiré al “gochu” como uno de los principales protagonistas en el desarrollo y sostenimiento de las grandes huelgas mineras de Asturias que tantas mejoras sociales trajeron para el conjunto de los trabajadores. Alguien se podrá extrañar al leer esta afirmación, pero la realidad de los hechos nos dice que en aquellas duras y largas luchas obreras para la conquista de los derechos sociales que hoy disfrutamos no hubiera sido posible mantenerlas hasta su final sin la participación vanguardista de este generoso y solidario animal: el hambre hubiera hecho fracasar la mayoría de las huelgas iniciadas.

Dicho de otra manera: el tener un “gochu” – mejor dos o tres – preparado para elaborar el Sanmartin – 11 de noviembre – era toda una garantía para el éxito de la luchas mineras, ya que aquel “gochu” era una auténtica Caja de Resistencia. ¿ Quién no se acuerda de aquellos cien gramos de tocino que en los tiempos de la incivil postguerra española tenían como destino los mineros – más del 80 por ciento del preciado y necesario alimento era estraperlado por los gerifaltes del franquismo – a fin de darles más fuerza y vigor en sus inhumanas por duras y largas jornadas laborales para extraer el carbón que sirvió para acabar con la misería, la ruina y la hambruna del pueblo español causada por aquella guerra incivil ?  A veces me causan vómitos cuando escucho hablar de la deuda histórica a aquellos dirigentes de regiones españolas que se dedicaban, unas a fabricar bragas, otros a tocar el “turullu” y otros a rezar los evangelios mientras se ponían a disposición de Franco para ganar aquella guerra que perdimos todos.

En estas fechas, con ocasión de la celebración de la Fiesta de los HUMANITARIOS en Aller el reciente 11 de noviembre – Día de SAN MARTIN – y aprovechando mi elección como ALLERANO DE HONOR, desde el año 1996, por la ASOCIACION DE HOSTELEROS DE FELECHOSA, quiero rendir homenaje en estas páginas al “gochu”, reproduciendo literalmente las palabras pronunciadas en el acto donde me fue entregado el “gochin de oro”, las cuales ilustro con este fotomontaje realizado en su día por mi nieta Ainoa – esta guaja ye la madre que la parió – que me dedica con todo el cariño. Ahí va:

Queridos amigos:

Hay muchas maneras de regresar a la tierra propia, pero ninguna de ellas más grata que la que tiene lugar en compañía de los amigos, para celebrar un acontecimiento y disfrutar del reencuentro. Por eso creo que esta es una excelente ocasión porque esta tierra allerana es mi tierra (soy, como sabéis, de Moreda; nací frente al pozo San Antonio); porque estoy rodeado de buenos amigos y porque vamos a celebrar la fiesta del “gochu”, un animal generoso – porque se entrega totalmente, sin desperdicio -, vecino tradicional de nuestros caminos y caleyes, y que acompañó la larga peripecia, con frecuencia repleta de dificultades, de nuestros antepasados.

Un animal que había perdido durante algunos años el protagonismo que tuvo en la vida familiar en otro tiempo y que ha vuelto a recuperar su papel principal en la familia rural, porque los tiempos lo imponen.

Durante siglos, cuando Asturias era una región olvidada y pobre, aislada por la barrera de montes que nos rodea, el gochu fue algo así como la pieza sagrada del corral, que recibía una permanente atención – aunque su aspecto hiciera pensar lo contrario – porque de él dependía, después del sanmartín, la base de la alimentación de toda la familia durante el resto del año. Desde sus orejas hasta sus patas, cada tajada y cada hueso, constituían el ingrediente esencial de los potajes que entonces eran la supervivencia y que ahora son un lujo de restaurantes acreditados. La vida de los campesinos alleranos no se entendería – como la de otros muchos asturianos – sin la cría del  cerdo, su sanmartín y su conservación, bien adobado, en la despensa para cumplir día a día con su papel indispensable en el sustento familiar. Tan importante fue este animal en la vida familiar allerana, que una canción recuerda su esencial presencia como ingrediente en un plato tan nuestro como la fabada, que puestos a imaginar, nada tendría de extraño que hubiera tenido aquí, en Aller, su origen. Sin duda es muy significativo que cuando los cuatro alleranos de la canción pidieron en Santullano “fabes,tocín y morcietches”, nadie les diera razón de que aquellos elementos estuvieran listos para condimentación. En todo caso, como no es mi propósito averiguarlo en este momento, invito a algún investigador de la gastronomía asturiana a que lo haga, porque quien sabe si llegaría a descubrir que verdaderamente la fabada es natural de Aller y que se convirtió después, por la fuerza de su calidad, en vecina de toda Asturias.

Después, con el paso de los años y las necesidades energéticas del país, llegó la explotación de las minas y la oportunidad de arrancarle un salario al trabajo bajo tierra, y muchos de nuestros familiares y amigos abandonaron la fesoria y el ganado porque el carbón permitía una vida económica menos apurada, menos pendiente del sol y de la lluvia, de la buena o de la mala cosecha, aunque amenazada en cada minuto por la imprevisión de las trágicas leyes que marca el incierto equilibrio del misterio de sus entrañas. El carbón le ganó la partida al campo, y el economato acabó por imponerse al gochu, porque resultaba más cómodo comprar el jamón ya curado que correr tras el gochu por los caminos, atender su alimentación, preparar el sanmartín y disponer su reparto proporcionado para que alcanzara a cada uno de los meses del año. En ese momento el gochu ya fue menos vecino de los caminos y caleyes de nuestros pueblos, porque se habían cerrado muchas cuadras, muchas corripas como consecuencia de que el hombre, que regaba con su sudor la tierra en el exterior, pasó a regarla por dentro, desde el negro silencio de sus galerías y de sus tajos. Solamente unos cuantos que tenían el instinto del campo heredado de sus mayores, consiguieron hacer compatibles ambas cosas: la mina y el cultivo de una pequeña huerta y la cría de un gochu, porque pudo en ellos el apego a la tierra y a la tradición, además de las razones de economía complementaria que esa previsión significaba.

Pero los tiempos han cambiado y la historia parece como si, por un extraño espejismo, se empeñara en caminar hacia atrás, en retomar el camino de la Asturias idílica que Palacio Valdés lamentaba haber perdido en su “Aldea perdida”. Sin embargo, en la historia no existe la moviola y, en consecuencia, no es posible dar marcha atrás por más que nos parezca que los tiempos están a punto de regresar a su origen, que los pueblos volverán a ser como fueron y que los hombres tomarán de nuevo la guiada y el zurrón para revivir las vísperas del momento en que hace más de cien años la industrialización cambió esencialmente la vida de nuestros pueblos.

Efectivamente, los tiempos no son buenos. Las minas agotadas tienen los días contados y los eurocrátas del mercadón europeo, al servicio de las multinacionales energéticas, han decidido con el concurso mercenario de ciertos sindicatos – en Asturias el SOMA-UGT – desmantelar el sector minero para invadir nuestra región del carbón que extrae el negro de Sudafrica o el indio colombiano y a la dependencia, cada vez más brutal, del petróleo y del gas que en muy pocos años traerán para nuestro país unos problemas muy graves, donde el paro volverá a ser el gran protagonista. Es decir, los días del carbón asturiano están contados. Por eso es necesario que nos planteemos seriamente el futuro como reto personal del que no debemos huir, sino plantarle cara con imaginación, ideas claras, solidaridad y trabajo, y con la ayuda que la región merece por sus decenios de contribución desinteresada al desarrollo de España.

Y en este momento en que el gochu vuelve a tomar un notable protagonismo en muchas economías familiares, parece como si los tiempos quisieran hacernos un juego de simbologías para insinuarnos el camino por que debemos abordar el futuro. A mí me parece que este nuevo resurgir del gochu y cuanto significa, debería tener mucho que ver con el necesario resurgir de Asturias, y con la reactivación de nuestro concejo que no tiene más fácil que otros municipios mineros; incluso, puede que por sus características lo tenga algo más complicado. Sin embargo en Aller, como decíamos del Gochu, nada tiene desperdicio: la tierra generosa, la naturaleza que se manifiesta en la riqueza de sus recursos y en la belleza de su paisaje; y, sobre todo, en sus gentes que a lo largo de la historia han dado muestras de talento, tesón, competencia y eficacia, que son las cualidades que Aller y Asturias necesitan en esta hora difícil. Pero de nada servirán todas esas virtudes si no ponemos manos a la tarea, porque los plazos son cada vez más cortos y el precipicio está cada vez más cerca.

Con este ánimo, con la necesidad de alentaros a que pongamos todos, solidariamente, con generosidad, manos a la obra, vuelvo al principio de mi intervención: me alegro de este regreso a mi tierra allerana de la manera que lo hago en esta ocasión, rodeado de buenos amigos para celebrar esta fiesta que tanto tiene que ver con nuestra entrañable historia familiar.

Muchas gracias

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Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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