LA CONSPIRACION CONTRA LA REPUBLICA .- II

“La República es una tormenta que pasará rápidamente”

(ALFONSO XIII desde su exilio parisino)

… Sin embargo, aquella “tormenta” se prolongaría durante más de cinco años, vividos en paz, antes de que una sublevación militar y una guerra la destruyeran por las armas. La cruda realidad fue que, apenas había montado ALFONSO XIII en el coche que lo trasladaría desde el Palacio Real de Madrid hacia Cartagena, donde le esperaba el barco “PRINCIPE ALFONSO” que lo llevaría hasta el puerto francés de Marsella para vivir su exilio dorado en Paris – en la misma mañana del 14 de Abril el Conde de AYBAR, como Intendente de la Real Casa y Patrimonio, había “retirado” del BANCO DE ESPAÑA una considerable suma de valores y dinero, cifrada en torno a los 70 millones de la época (unos 144 millones de euros actuales) que el impresentable BORBON “machacó” en diez años de continuas juergas y borracheras en los mejores clubs de CANNES, siempre acompañado de las “mejores putas” , tirándolo en la ruleta del CASINO DE MONTECARLO, donde solía alojarse en el lujosísimo HOTEL PARIS o acudiendo a las mejores cacerías y safaris por el mundo -, cuando las élites del dinero más impacientes que veían escaparsele de las manos el poder político, pensaban ya en la necesidad de una contrarrevolución que se opusiera a las decisiones expresadas por el sufragio universal. Así, en la misma tarde del 14 de abril de 1931, ya se habían reunido en casa de GUADALHORCE – ex-ministro de la dictadura de Primo de Rivera, directivo de la Unión Monárquica, hombre de negocios y de las “grandes familias”, emparentado por matrimonio con los HEREDIA  de Málagael marqués de QUINTANAR , Ramiro de MAEZTU, CALVO SOTELO, José Antonio PRIMO DE RIVERA, Yanguas MESSIA – también ex-ministro de la dictadura primorriverista y presidente de la Asamblea consultiva – y Vegas LATAPIE.

Es a partir de ese momento cuando comienza a reagruparse una parte de la aristocracia, financieros, militares y personal político del antiguo régimen. A ellos se fueron uniendo los exiguos grupos fascistas que ya existían; en primer lugar los que editaban LA CONQUISTA DEL ESTADO, más tarde, ALBIÑANA y sus legionarios, y, naturalmente, la jerarquía eclesiástica que, en su inmensa mayoría no veía con simpatía el cambio de régimen, tal como quedó demostrado con la incendiaria carta del cardenal SEGURA, el 7 de mayo de 1931, que no era sino una auténtica declaración de guerra contra la República. En efecto, habían transcurrido tan sólo 48 horas desde la proclamación de la República cuando en la Casa de Ejercicios Espirituales de Chamartin de la Rosa, HERRERA presidía una reunión de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas que sería decisiva para la estructuración de las fuerzas que se oponían a los cambios políticos y sociales. De aquella reunión surgió la idea de crear un organismo de defensa social para la “salvación politico-social de España”, de tal manera que el 29 de abril de 1931 era presentada una asociación, legalizada por Miguel MAURA como ministro de la Gobernación, con el nombre de ACCION NACIONAL que en su artículo primero decía: “Con el nombre de Acción Nacional, se constituye en Madrid una Asociación que tendrá por objeto la propaganda y acción política bajo el lema de Religión, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad”.

Cardenal SEGURA en Sevilla

De esa manera, durante los cinco años que duró la II República se consumaron tres episodios de intento de asalto insurrecional al régimen que si bien ninguno de ellos triunfó, sí tuvieron efectos determinantes – el último de ellos una guerra civil – sobre la vida española en agosto de 1932, octubre de 1934 y julio de 1936. Sin embargo, resultaría muy engañoso si tratasemos de asimilar el movimiento monárquico aristocrático-militar de 10 de agosto de 1932 a la huelga general revolucionaria de 1934 y al golpe prodictatorial militar-corporativista del 18 de julio de 1936. La única consideración capaz de medir a todos ellos por el mismo rasero es la de insuficiencias de la llamada democracia reformista española de los años treinta. Además, por si esto no fuera suficiente, es preciso constatar el persistente insurrecionalismo anarquista, que tuvo sus principales episodios en los años 1932 y 1933. El insurrecionalismo anarquista tenía un neto sentido revolucionario. De revolución anticapitalista y antiestatal de la clase obrera generada por ella y sin desbordar nunca sus límites. El 19 de  enero de 1932 se subleva la cuenca del Alto Llobregat en busca del comunismo libertario – aquel día los mineros de la colonia de SAN CORNELIO, en FIGOLS, comenzaban una huelga, despues de apoderarse de las armas del SOMATEN, para extender el conflicto al día siguiente a las localidades mineras de Berga, Sallent, Cardona, Balsareny, Navarcles y Súria, hasta que, transcurridos cinco días, entró el ejército en las minas para sofocar a tiru limpiu aquel levantamiento -, y en el seno mismo de la CNT se reconoce que aquello fue un movimiento tan inconexo como voluntarista por parte de los mineros. Un año después, en enero de 1933, los comités de defensa esencialmente faístas se lanzaban a la huelga provistos de armas, y en ese contexto ocurría la tragedia de Casas Viejas. Ya en diciembre de 1933, la convocatoria anarquista era aún más explícita: A LA INSURRECCION ARMADA. Los anarquistas, en defintiva, eran un tipo especial de enemigos de la República.

En cualquier caso, es preciso señalar que el insurreccionalismo español de los años  treinta resultaría muy difícil de entender si no es en conexión con la peculiar trayectoria del Ejército. Las fuerzas armadas son un elemento clave en todos y cada uno de los episodios insurreccionales acontecidos desde el año 1917, sea porque él mismo se costituye en sujeto de la insurrección, lo que ha ocurrido en la mayoría de las veces, sea porque es el elemento decisivo en su contención. Como la insurrección de masas tiene carencias de base evidentes, el Ejército se convierte en el instrumento de este tipo de movimientos.

La realidad es que como consecuencia de estos movimientos insurreccionales, la República encontró desde el primer momento enormes dificultades para consolidarse y tuvo que enfrentarse a muy fuertes desafíos, en la mayoría de las ocasiones con las fuerzas de la izquierda enfrentadas y divididas entre sí de una manera totalmente incomprensible. En primer lugar, del antirrepublicanismo y de las posiciones antidemocráticas de los sectores más influyentes de la sociedad: hombres de negocios, industriales, terratenientes, la Iglesia y el Ejército. Tras unos meses de desorganización inicial de las fuerzas de la derecha, el catolicismo político irrumpió como un vendaval en el escenario republicano. Ese estrecho vínculo entre religión y propiedad se manifestó en la movilización de cientos de miles de labradores católicos, de propietarios pobres y “muy pobres”, y en el control casi absoluto por parte de los terratenientes de organizaciones que se suponían creadas para mejorar los intereses de esos labradores. No se debe de ignorar que el éxito o fracaso de la II República dependía fundamentalmente en su capacidad de resolver la CUESTION AGRARIA. En esa tarea, el dinero y el púlpito obraron verdaderos milagros: el primero sirvió para financiar, entre otras cosas, una influyente red de prensa local y provincial; desde el segundo, el clero se encargó de unir, más que nunca, la defensa de la religión con la del orden y la propiedad. Y en eso coincidieron obispos, abogados y sectores profesionales del catolicismo en las ciudades y poderosos terratenientes como Lamamié de CLAIRAC o Francisco ESTEVANEZ, que con tanto afán defendieron en las Cortes constituyentes los intereses cerealistas de Castilla; y todos esos cientos de miles de católicos con pocas propiedades pero amantes del orden y la religión.

Dominada por grandes terratenientes y sectores profesionales urbanos, la Confederación Española de Derechas Autónomas – CEDA, el primer partido de masas de la historia de la derecha española, creada a comienzos de 1933, se propuso defender la “civilización cristiana”,  combatir la legislación “sectaria” de la República y “revisar” la Constitución, de tal manera que, cuando esa “revisión” de la República sobre bases corporativas no fue posible efectuarla a través de la conquista del poder por medios parlamentarios, sus dirigentes, afiliados y votantes comenzaron a pensar en métodos más expeditivos. Sus juventudes y los partidos monárquicos ya habían emprendido la vía de la fascistización bastante antes. A partir de la derrota electoral de febrero de 1936, todos captaron el mensaje, sumaron sus esfuerzos por conseguir la desestabilización de la República y se apresuraron a adherirse al golpe militar.

ANTON SAAVEDRA

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Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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