RESISTENCIA DE LOS MINEROS ASTURIANOS EN LA DICTADURA.- XXXVII

” Hay una luz en Asturias que ilumina España entera” (Del poeta gaditano RAFAEL ALBERTI, el año 1.963)

La historia de la minería asturiana va mucho más allá de la pura concepción de extraer carbón. Sus páginas están escritas con la sangre de muchos mineros asturianos y residentes en Asturias que, a lo largo del siglo XX, han reivindicado sus derechos y de forma indirecta el de otros sectores. La Revolución del 34 y, sobre todo, la huelga del 62 fueron momentos clave en la lucha de clases, hasta hacer tambalear el régimen fascista de Franco…

Se puede afirmar sin exponerse a ninguna exageración que una de las constantes del régimen franquista a lo largo de su existencia fue la práctica de la represión política, social y cultural, correspondiéndole a la región asturiana el trágico honor de ocupar el primer escalón en lo que significó la acción más feroz de la España derrotada. Su prestigio revolucionario del movimiento obrero minero, fundamentado en los acontecimientos de Octubre del 34, la nítida definición que tomó la guerra incivil como guerra de clases, entre otros, explican el carácter de revanchismo exarcebado con que los “vencedores” actuaron en las zonas “liberadas”, iniciándose la “caza del rojo” desde el primer momento del triunfo franquista. Si a ello añadimos que la peculiar situación de ocupación militar que soportó Asturias como consecuencia de la presencia en el monte del “Maquis asturiano”, la exarcebación de los ánimos que el hecho generaba entre los “vencedores” y el movimiento de partidas guerrilleras y “contrapartidas” fueron la causa en la perduración de las formas represivas más feroces, por medio de las cuales se intentaba no solo controlar el fenómeno del “Maquis”, sino también el apoyo social con que contaba en los valles, la cuestión no necesita mayor explicación.

Los asturianos opuestos al régimen, que no habían “huido” en compañía de sus jefes hacia el exilio mexicano y otros paises – ¡ cada vez me siento más orgulloso de mi güelu José SAAVEDRA Zapico “José Cantera” ! –, quedaron expuestos en todo momento a las acciones de las bandas incontroladas, pero perfectamente controladas por la Falange, a caer bajo la jurisdicción del aparato legal sobre el que se fundamentó el mismo estado fascista del franquismo, el cual consideraba muy grave delito la defensa y la práctica de las libertades y derechos democráticos como la huelga o el derecho de asociación fuera de las organizaciones  de la FET y las JONS, además de otros cuya interpretación siempre estaban al arbitrio de sus propios tribunales. A los efectos oportunos, el régimen franquista se apresuró a recoger en el Fuero del Trabajo, en la Declaración XI, que no quedaría impune ninguna perturbación de la producción, recogiendo en la Ley Especial de Represión de la Masonería y el Comunismo, del 1 de marzo de 1.940, y la Ley de Seguridad del Estado, del 29 de marzo de 1.941, que cualquier pena sería justificada si con ello se castiga y penaliza a los promotores de actos huelguísticos, sin olvidar las connotaciones características que suponía para la minería unas penas más extremas, habida cuenta de que dicho sector estaba militarizado. Un bando emitido por el Coronel Jefe de Orden Público en Asturias, José Enrique Ramirez, recordaba a los mineros que “en la zona aún permanecía  declarado el Estado de Guerra, que todos los mineros estaban militarizados y por tanto sujetos al Código de la Justicia Militar, que ningún minero podía abandonar su puesto de trabajo sin orden expresa o sin permiso, y que cualquiera de estas faltas se castigaría con el máximo rigor…”

Las continuas represiones que sufrieron los mineros asturianos a lo largo de más de medio siglo constituyen un estudio que muestra las aspiraciones de unos trabajadores conscientes de su lucha, frente a la defensa de unos principios políticos, que personalizados en las fuerzas de seguridad, encarnan un periodo determinado de la historia de España en general, y de Asturias en particular…

Lógicamente, en este contexto histórico dominado por una implacable represión, los mineros iniciaron un largo calvario, en el cual tuvieron claro que la guerra no había finalizado para ellos. En absoluto resultaba nada fácil reorganizarse en aquellas circunstancias en las que a la violencia represiva del régimen había que añadir la debilidad inicial de unas organizaciones cuyos hombres más valiosos habían fallecido, otros se encontraban en las cárceles sentenciados a largos años de prisión o esperando la ejecución ante un pelotón de fusilamiento, y otros supervivientes que habían “huido” hacia el exilio.

Con el cambio de década la clase obrera va a conocer la incorporación de un nuevo núcleo que en el futuro se convertiría en el embrión de lo que fueron las COMISIONES OBRERAS en España, objeto central de este capítulo: Me refiero al constituido por los mineros de LA CAMOCHA en el concejo asturiano de GIJON, a donde se van incorporando inmigrantes procedentes, en su mayoría, de las cuencas centrales asturianas, con predominio de la cuenca del Nalón, dándose la circunstancia  de que en el año 1.960, tan sólo un 40 por ciento de la población residente en la parroquia de VEGA era originaria de Gijón, correspondiendo el resto a gente de las cuencas y emigrantes de otras zonas de España, de los cuales, muchos de ellos habían pasado por departamentos penales como consecuencia de su actividad politica y sindical en la guerra, configurándose LA CAMOCHA como una explotación propicia para la organización del movimiento obrero, sobre todo, teniendo en cuenta el cierto aislamiento de la explotación fuera de los núcleos principales de la población, muy distinto a otros enclaves en el Nalón o Caudal.

Aunque no será oficialmente adoptada hasta después de 1.948, el Partido Comunista había atisbado muy tempranamente la táctica del “entrismo” en los sindicatos franquistas, perspectiva que ya se contempla en in informe del año 1.940, llevándose a cabo en LA CAMOCHA por comunistas como Casimiro BAYÓN, Celso Alvarez Martinez, Joaquin Fernández Espina,Julio Gutierrez González o Críspulo Gutierrez Riera.

Así llegamos al año 1.956, cuando un desacuerdo con las primas establecidas de producción, produce un creciente malestar que dará lugar a un “bajo rendimiento” que protagonizan los picadores durante varios días. Las condiciones de trabajo de los mineros silicóticos, la recuperación de la madera por parte de los posteadores, la reducción de la jornada en trabajos con agua…, se van sucediendo como causas de una inquietud reinante y ven confluir en torno a estos y otros motivos similares el descontento a trabajadores de muy distintas tendencias, quedando conformada la “PRIMERA COMISION OBRERA DE MINEROS” que integran Casimiro BAYON, militante del partido comunista; Francisco “el Quicu“, militante de la JOC; Pedro GALACHE, independiente y Gerardo TENREIRO, falangista y excombatiente de la División Azul. Como precedente de una sucesión de reivindicaciones no satisfechas, se producía finalmente la huelga de NUEVE DIAS sostenida en enero de 1.957, en cuyo transcurso ya interviene aquella “COMISION OBRERA” que tanta fama daría a la MINA DE LA CAMOCHA. Es decir, en La Camocha se había iniciado la puesta en práctica de la nueva táctica del Partido Comunista de España, abriendo paso en Asturias a una fase de conflictividad laboral que alcanza magnitudes hasta la fecha inusitadas, siendo los mineros del Nalón los que llevan el peso fundamental de los conflictos que se suceden al de La Camocha. El primero de ellos, extendido a partir del Pozo Maria Luisa que se prolonga por espacio de TRES SEMANAS, entre el 9 y el 31 de marzo de 1.957, afectando a varios miles de trabajadores en varias explotaciones, y produciéndose el encierro de los mineros en el interior del Pozo Maria Luisa a partir del día 26 de marzo, el cual sería secundado por otras explotaciones como el Pozo Fondón y San Luis de La Nueva, dando lugar a una de las más espeluznantes anécdotas, cuando el gobernador Civil de Asturias, Labadie Otermin, le comunicaba al ministro Camilo ALONSO VEGA el hecho de los mineros encerrados en los pozos y este energúmeno fascista le contestó:¡ PUES, QUE TABIQUEN LOS POZOS ! Al año siguiente, nuevamente Maria Luisa y el Pozo Fondón, desencadenarían un conflicto de mayor envergadura, al que se incorporan mineros del Caudal, Gijón e incluso algunas explotaciones de la cuenca minera leonesa de VILLABLINO, donde el Partido Comunista tenía cierta implantación.

MARCELINO CAMACHO, carnet número 1 de CC.OO. y máximo responsable de la organización comunista en una de sus visitas a la Mina de La Camocha. Un hombre entregado en cuerpo y alma al movimiento obrero internacional que, en los últimos años de su vida fue descabalgado groseramente de la presidencia de honor que ostentaba por estos “neosindicalistas” de ahora que, olvidándose de las conquistas de los trabajadores logradas a sangre y fuego, se han vendido al capital por un “plato de lentejas”.

“Parece mentira, con la limpieza de comunistas que hemos hecho y todavía queda la raiz”, decía un asombrado coronel fascista que presidía el juicio militar a uno de los mineros que había participado en la huelga de 1.962, refiriéndose, claro está, a esa raiz, imposible de extirpar, esa cristalización de décadas de lucha obrera – aunque la única estructura orgánica existente era la del Partido Comunista, para los fascistas todos los opositores al régimen eran comunistas – la que se manifestó en las cuencas mineras asturianas, constituyendo el punto de partida para la reorganización del movimiento obrero en la dictadura franquista, con la explosión de la HUELGA MINERA DE 1.962 que, con una duración de varios meses, sirvió para cambiar el curso de la dictadura, como señal para la reorganización del Movimiento Obrero en España, y el principio del fin de la dictadura fascista, pasando a formar parte de la MEMORIA HISTORICA como patrimonio de la clase obrera y el pueblo español.

La crisis del sector minero, la falta de comunicación en el marco sindical, el rechazo obrero a unos planes laborales promocionados por la patronal al margen de los trabajadores, y la contención salarial de la politica estabilizadora de 1.959, además de la tensión acumulada por las huelgas de 1.957 y 1.958, anunciaban un escenario extremadamente conflictivo para la década de los sesenta, de tal manera que el 7 de abril saltaba la chispa de la HUELGA MINERA DEL 62, con el despido arbitrario de siete picadores del POZO NICOLASA de Fábrica Mieres, expandiéndose muy rápidamente por todas las explotaciones mineras de Asturias hasta su normalización, allá por el mes de setiembre, dejando un cierto regusto de victoria en unos y la sensación de continuar la lucha en otros por conseguir la liberación de los más de cuatrocientos compañeros mineros privados de libertad, en su mayoría militantes comunistas. En efecto, ni siquiera habían transcurrido tres meses desde la finalización de la HUELGA MINERA DEL 62 cuando en noviembre del mismo año quedaban constituida la “OPOSICION SINDICAL” para el “desarrollo de la lucha por las reivindicaciones obreras de carácter económico y la democratización de los sindicatos franquistas”, siendo sus órganos de proselitismo y encuadramiento de trabajadores y a la vez, de la acción política las COMISIONES OBRERAS, cuyo programa preveía tres etapas para su desarrollo:

126 mineros asturianos fueron desterrados hacia las zonas más pobres de España a raiz de la HUELGA MINERA DEL 62, “no por ser delincuentes” sino por luchar por unos derechos legítimos que hoy recoge la Constitución Española…

En la primera, serían organizadas huelgas en las empresas con acentuado signo reivindicativo económico, en las que además de prescindir de la intervención de la Organización Sindical, se acentuaría cuanto fuera posible para desprestigiar a todas las representaciones sindicales, desde los Enlaces y Vocales de Jurados de Empresa, hasta las Juntas provinciales y supremos Mandos Nacionales.

La segunda etapa, estaría constituida por la organización de concentraciones y manifestaciones de obreros en la calle para plantear las reivindicaciones laborales, pero procurando presentar algunas peticiones generales atrayentes para la clase trabajadora, tales como la modificación del salario mínimo y pensiones de la seguridad social. Esta etapa sería fundamental para ir constituyendo en las fábricas y talleres agrupaciones de obreros, que se distinguirían con el nombre de “COMISIONES OBRERAS”.

Los grises repartiendo “estopa” en las calles, una estampa repetida diarimente durante la década de los sesenta y setenta…

La tercera etapa culminaría con la aparición en la calle de las “COMISIONES OBRERAS”, la presentación por ellas a los distintos Organos de la Administración Pública, escritos con peticiones generales y protestas contra la Organización Sindical y las manifestaciones masivas de trabajadores, procurando asimismo ir estableciendo  relaciones con organizaciones estudiantiles, grupos de descontentos y organizaciones sindicales extranjeras, opuestas al régimen de Franco.

Con los resultados alcanzados por las listas presentadas por la “OPOSICION SINDICAL” a las elecciones sindicales de 1.966, el Partido Comunista de España consideró que con el gran triunfo del nuevo movimiento obrero se habían logrado las metas que habían propagado en el año 1.962 para la organización de las COMISIONES OBRERAS y su consolidación en muchísimos centros de trabajo, pero especialmente en la calle, lo que demandaba un nuevo plan de acción, de acuerdo con las nuevas circunstancias de la vida nacional y con validez para alcanzar el difinitivo derrocamiento del Sindicato Vertical y del Régimen franquista, elaborado en la reunión de su Comité Central del mes de setiembre de 1.966: “… Los comunistas, que hemos apoyado consecuentemente a las Comisiones Obreras, estimamos que esta experiencia en lugar de cristalizar pugnas y divisiones, debe servir para que todos los que se sienten parte de la clase obrera, superen los obstáculos habidos hasta aquí, se unan sin resentimientos y coordinen su actividad a fin de dar al nuevo movimiento una fortaleza, un peso y un mordiente todavía mayor. Comunistas, socialistas, católicos, cenetistas, falangistas de izquierda y tradicionalistas , donde los hay, todos los trabajadores deben unirse para luchar por sus comunes intereses de clase (…) Los elegidos lo han sido para luchar, para encabezar las próximas acciones de combate de las masas trabajadoras (…) Constituye para nosotros, los comunistas, un motivo de satisfacción el hecho de que nuestra orientación sobre las Comisiones Obreras haya sido aceptada (…) La práctica ha demostrado que era una linea justa que ha llevado a nuestro Partido a obtener una gran victoria contra el franquismo y entre la clase obrera (…) Lo que era una aventura era aferrarse a los viejos moldes, pues hay que tener en cuenta que la masa obrera de hoy no ha conocido ni la U.G.T. ni a la C.N.T. y había que ir a la unidad total”.

ANTON SAAVEDRA

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Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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Una respuesta a RESISTENCIA DE LOS MINEROS ASTURIANOS EN LA DICTADURA.- XXXVII

  1. jose antonio jurado dijo:

    gracias…por dar una merecida memoria a esos luchadores…mi padre estaba entre ellos. francisco jose jurado luchó en mieres, desde c.c.o.o. y desde el pce, Minero, como no…participó activamente en todo el proceso. gracias una vez mas…

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