AQUELLOS GUAJES DE LA BARRIADA DE LADA

Escuelas Nacionales de Lada, el año 1955. El maestro era de El Puente y se llamaba Hipólito...

Escuelas Nacionales de Lada, el año 1955. El maestro era de El Puente y se llamaba Hipólito…

ARTICULO DE ANTON SAAVEDRA PARA EL PORTFOLIO DE LAS FIESTAS DEL NALON DE LADA, EL AÑO 2016

Hacía tiempo que veníamos comentando entre nosotros la necesidad de juntarnos los guajes que vivíamos en la barriada de Lada y alrededores, pero no fue posible hasta que Luisma, Pepín, Marrón y otros pocos, lograron que el pasado 29 de abril de 2016 nos juntaremos 35 de ellos en una comida que celebramos en el Llar de Nel, en La Felguera. Allí, pudimos volver la vista atrás y viajar por unas horas a nuestra niñez, recordando con más nostalgia que tristeza aquellas tardes de juegos que juntos compartimos, recordando a muchos de los que, desgraciadamente, no podrán estar con nosotros, pero que estarán de por vida en nuestro álbum de fotos.

Nosotros, nuestra generación pertenece a la España de la posguerra, donde muchos de nuestros padres vivían en continua zozobra, angustiados cada vez que escuchaban el frenazo de un coche, cada vez que percibían pasos por las escaleras, cada vez que unos nudillos golpeaban las puertas, no en vano estamos hablando de una barriada minero-siderúrgica, auténtica fortaleza del movimiento obrero español, y la cárcel era el destino, incluyendo las torturas y el despido del trabajo de por vida. Nosotros somos de aquella España, en la que “su” Radio Nacional emitía varias veces al día la consigna oficial: “¡Españoles, alerta! ¡La paz no es un reposo cómodo y cobarde frente a la Historia! ¡La sangre de los que cayeron por la Patria no consiente el olvido, la esterilidad ni la traición! ¡Españoles, alerta! ¡España sigue en pie de guerra contra todo enemigo del interior o exterior!

Guajes de la Barriada de Lada, el año 1960...

Guajes de la Barriada de Lada, el año 1960…

Eran aquellos tiempos, cuando a los guajes se les  obligaba a cantar el Cara al Sol y el Prietas las Filas a la entrada y salida de la escuela, en posición de firmes, brazo en alto, mano extendida, en saludo fascista.

La España de aquellos años cuarenta fue, en efecto, una España sedienta y, más aún, hambrienta, pero dejaré a un lado la situación política y social y las secuelas de la guerra incivil que trajo el franquismo como consecuencia del golpe de estado fascista contra el gobierno legítimo de la II REPUBLICA, aunque conviene recordar que esta década constituye, sin lugar a dudas, el período más negativo de nuestra historia reciente.

Nosotros somos aquellos guajes de la década de los cuarenta, los años del racionamiento y el hambre, de la represión más dura, donde comer constituía la principal batalla que se debía superar cada día para soportar los malos tiempos: en los tebeos, Carpanta soñaba con un pollo humeante, pero muchos de nosotros soñábamos con una buena fabada asturiana o un buen chuletón. Los productos racionados no siempre llegaban a las tiendas: con frecuencia se perdían por los vericuetos del mercado negro, y cuando llegaban, las colas eran tan grandes que muchas veces las estanterías ya estaban vacías cuando a uno le tocaba el turno. Y cuando se conseguía, la ración era tan pequeña que resultaba imposible dar de comer a la familia con dignidad, quedando las opciones de acudir al estraperlo, salida que requería una capacidad económica que muy pocas familias se podían permitir. La otra opción fue recurrir a otras fórmulas para intentar al menos engañar al estómago: así nació el sucedáneo, siendo el café, por ejemplo, uno de los productos que encontró múltiples variantes, entre algunas las elaboradas a base de achicoria y malta, obtenida a partir de los granos de cebada convenientemente tostados y molidos.

Vecinas y guajes de a Barriada de Lada en la Jira de la fiesta de Los Piescos, en La Nisal, el año 1962...

Vecinas y guajes de a Barriada de Lada en la Jira de la fiesta de Los Piescos, en La Nisal, el año 1962…

La gente comíamos lo que podíamos, y las madres hacían auténticos milagros con la escasa comida que había: las legumbres,  la patata, el boniato, el tocino y el bacalao fueron los alimentos fundamentales de nuestra época. No era una cocina rica ni variada, y era muy normal que los platos se repitiesen uno y otro día. Comer carne era todo un lujo, y entre las carnes, el pollo, tan frecuente hoy hasta el punto de hacer variar los precios al consumo, llegó a convertirse en un producto que se consumía en contadísimas ocasiones y sólo era habitual en las mesas de quienes tenían el riñón bien cubierto, o en alguna boda, más o menos importante. El jamón, algunos  tardaron bastantes años en saber lo que era, pues no se veía ni en los escaparates de las mejores tiendas.

La tan cacareada como falsa “ayuda americana”  llegaría a la escuela  en forma de leche en polvo y queso. La leche se hacía en una cuba de zinc dándole vueltas con un palo, labor que encargaban los maestros a los alumnos mayores, siendo necesario hacerlo con agua caliente ya que en frio no se disolvía y quedaban unos grumos realmente asquerosos, que no había Dios que lo bebiera.  Al salir a recreo  nos ponían en fila y nos la echaban en los tazones que llevábamos de casa. Recuerdo perfectamente la leche y el queso que servían en la escuela, una leche en polvo que venía en unos bidones de cartón marrón y llevaba en la base y el remate unos flejes metálicos que lo mantenían sujeto. Del queso tengo muy claro que era amarillento, tirando a naranja, que se sacaba en bloque de unas latas circulares de cinco kilos de color dorado y nos daban un “cachín” por la tarde, aunque también servía, junto con la mantequilla que nunca vimos en la escuela,  como “sobresueldo de algún maestro” que se quedaba con varias partidas para venderlo en el “mercado negro” o estraperlo. También recuerdo en mi mente la inscripción sellada en grandes y negras letras en mayúscula: “DONATED BY THE PEOPLE OF THE UNITED STATES OF AMERICA”, aunque más tarde supe que estos envíos de leche, queso y mantequilla eran de asociaciones tipo Cáritas o Unicef, como el caso concreto de la “National Catholic Welfare Conference”, en fin que el TIO SAM de darnos, ni los buenos días.

Era tal la miseria administrada por aquellos miserables franquistas y falangistas que, en muchos casos la comida llegó a constituir una especie de salario, habiendo bastante gente que realizaba trabajos sólo por la comida. Muchas veces se trataba de niñas de nuestra edad que ayudaban a fregar escaleras o portales, cuando no la ropa en el río, a cambio de un pedazo de pan…

Comida de los guajes de la Barriada de Lada en el Llar de Nel, en La Felguera, el 29 de abril de 2016...

Comida de los guajes de la Barriada de Lada en el Llar de Nel, en La Felguera, el 29 de abril de 2016…

Aquella miseria afectaba a todos los ámbitos de la vida cotidiana, porque si el comer para subsistir constituía un reto que no siempre pudo superarse, vestirse con cierta dignidad no fue una tarea menos dificultosa y, a veces, hacer ambas cosas era una misión casi imposible. Nos acordamos de que en las casas se cosía mucho, haciendo con la ropa, al igual que con la comida, verdaderos milagros. Los hermanos menores heredaban la ropa de los mayores, y la ropa se reutilizaba hasta límites insospechados: los abrigos y las chaquetas se volvían, como los cuellos de las camisas; de las partes menos gastadas de las prendas de los adultos se obtenían cortes que servían para los más pequeños. La ropa se zurcía una y otra vez, se cogían los puntos de las medias y se utilizaba cualquier retal para sacar de allí una prenda… Todo se aprovechaba hasta que ya era absolutamente inservible.

En efecto, fueron tiempos de penurias y necesidades, pero también de solidaridades efectivas, no sólo entre las familias de aquella barriada de puertas abiertas sino entre los guajes que salíamos los domingos para ir al cine y  más tarde a los guateques, donde el aceite, el azúcar o el pan de una vivienda siempre estaban disponibles para los vecinos: “vete a casa de Oliva y que te llene este vaso de aceite, que mañana se lo devuelvo cuando venga del “conomato”…, y el escaso dinero de que disponíamos los guajes era un dinero al servicio de todos. Es ahí donde forjamos esa amistad que perdura después de tantos años transcurridos y que pretendemos extender a un número mayor de aquellos guajes que, teniendo tan poco, sin embargo  fuimos muy felices y nos forjamos nuestro futuro en la vida, alcanzando profesiones de médicos, abogados, ingenieros, aparejadores, sindicalistas, futbolistas, empresarios y, sobre todo, de grandísimos profesionales de la minería, la construcción y la metalurgía. ¡¡¡ TE ESPERAMOS PARA EL PROXIMO AÑO 2017 !!!

ANTON SAAVEDRA

 

 

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Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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Una respuesta a AQUELLOS GUAJES DE LA BARRIADA DE LADA

  1. ¿Os acordáis de la leche en polvo americana que se repartió en los colegios desde mediados de los años 50 hasta bien entrados los 60? Para ser exactos, leche y también queso.

    Hagamos un poco de historia. Durante los años 40 en este país no hubo de nada, salvo hambre, miseria, desolación y cartillas de un escaso racionamiento. Ello era a causa de la segunda guerra mundial y, acabada ésta, al boicot internacional que las potencias vencedoras impusieron al régimen español del General Franco por su participación con los nazis de Hitler durante la contienda. Se podría hablar largo y tendido de la historia de esos años y de las diferentes actitudes del gobierno español de la época ante los acontecimientos bélicos. Es un tema apasionante, pero lo dejaremos para otra ocasión porque hoy nos apartaría del asunto de la leche; de la leche en polvo americana.

    A finales de los años 40, la situación internacional empezó a cambiar. Los antiguos aliados de la segunda guerra mundial, sobre todo los Estado Unidos y la Rusia Soviética, empezaron a evidenciar sus diferencias ideológicas y el mundo se dividió en dos bloques antagónicos que, como sabemos, desembocaron en una situación de enemistad casi bélica que se llamó guerra fría. Esto benefició, en parte, al régimen español, pues si algo había vendido el General Franco a la opinión pública internacional durante los años del boicot, era su rotundo y total anticomunismo.

    Y así, si bien España quedó totalmente al margen del Plan Marshall con el que los Estados Unidos de América colaboraron en la reconstrucción de una Europa destrozada por la guerra, la ayuda americana llegó también a nuestro país vestida de tratados de alianza básicamente militares y de defensa que se firmaron en 1953. Con la diferencia de que, mientras para Europa la ayuda tenía mucho de altruista y era casi gratuita, España tuvo que pagarla, muy cara y durante muchos años, a base de ceder terrenos para bases militares y otras concesiones.

    En cualquier caso, junto a la ayuda de carácter militar vino también ayuda humanitaria, entre la que se encontraban la leche y el queso que fueron repartidos en los colegios, al menos en los colegios públicos, entonces llamados “Colegios Nacionales”, desde 1955 a 1963, aproximadamente.

    Conviene tener en cuenta que los niveles alimenticios que España tenía en 1935, es decir, un año antes de la Guerra Civil, no volvieron a alcanzarse hasta la segunda mitad de los años 50, por lo que es muy probable que la leche en polvo americana contribuyera a redondear el número de calorías que necesitaban muchos niños de la época. Afortunadamente, no era éste mi caso, pero es evidente que había niños en la barriada y alrededores mucho más pobres y deprimidas que la nuestra.

    El queso nos lo repartía el maestro por las mañanas, sobre las diez y media. Recuerdo que venía en enormes latas cilíndricas de metal dorado. Los más afortunados lo poníamos dentro del bocadillo que llevábamos de casa. Otros sólo se traían el pan de casa, pero la mayoría no traía nada de nada.

    De todo esto sólo hace muchos años … Hay que ver qué viejo es uno y qué batallitas cuenta…

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