MI VIDA: YO TAMBIÉN ME ENCERRÉ EN UNA MINA

Antón Saavedra se encierra con los mineros de la localidad onubense de Cala, el 30 de marzo de 1982

Antón Saavedra se encierra con los mineros en una mina abandonada de la localidad onubense de Cala, el 30 de marzo de 1982

Pero, no fue en el Pozo Barredo de Mieres para justificar teatralmente el cierre de las explotaciones mineras del carbón en Asturias, sino para salvar la minería del hierro en la localidad onubense de Cala, permaneciendo treinta y dos días en el interior de una mina abandonada hasta lograr la salvación de la misma: Los mineros encerrados en el interior de la mina de Cala (Huelva) durante 32 días abandonaron el túnel ayer, festividad del Primero de Mayo, para “dejar al Gobierno que cumpla lo que ha prometido”. El fin del encierro está condicionado, no obstante, a que el próximo día 20 el Gobierno se pronuncie sobre las fechas de puesta en marcha de la planta de pellets en Fregenal de la Sierra (Badajoz) y de esta manera no se pueda hacer el proyecto una lanza electoral en Andalucía. Aunque todavía desconfían de las promesas gubernamentales, los barrenos colocados en la galería, a seiscientos metros de la entrada, están ya desconectados (…). El portavoz del gobierno ratificó la voluntad política del Consejo de Ministros para la puesta en marcha de la planta de pellets en Fregenal de la Sierra y adelantó que, para ello, quedan solo por estudiar dos puntos esenciales: la previsión del precio de venta de los pellets y la garantía de su calidad para poder ser utilizados por los altos Hornos de Ensidesa (…) Felipe González, secretario general del PSOE, había sembrado la idea de finalizar el encierro durante su almuerzo en el interior de la mina, el pasado viernes, pero los mineros se negaron a ello”(EL PAIS, 2 de Mayo de 1982).

En efecto, aquel conflicto de Cala marcaría, desde mi punto de vista, una época en las reivindicaciones laborales de aquella España que comenzaba a despertar de su letargo. Durante la década de los años 70, más de 350 personas habían trabajado en aquella mina de hierro, convirtiendo al municipio de Cala en el segundo de Andalucía en renta per cápita – sólo superado por Marbella -, pero la amenaza de su cierre hizo que la Federación Estatal de Mineros de UGT, única fuerza sindical en el comité de empresa, se implicara en el conflicto desde el primer día, hasta el punto de que, aprovechando mi visita del 30 de marzo de 1982 a los compañeros encerrados en el interior de la mina, decidí quedarme encerrado con ellos. 

Mina abandonada donde permanecí encerrado 32 días en su interior con los compañeros mineros del pueblo onubense de Cala...

Mina abandonada donde permanecí encerrado 32 días en su interior con los compañeros mineros del pueblo onubense de Cala…

Por aquel entonces, nuestra organización tenía a su disposición el mejor “equipo” de profesionales mineros de España, procedentes todos ellos del Instituto Geológico y Minero (IGME) y de la Empresa Nacional Adaro de Investigaciones Mineras (ENADIMSA), lo que nos permitía ofrecer alternativas reales a los problemas, en esta ocasión perfectamente combinadas con la presión de los trabajadores en la calle y en los centros de trabajo. El mercado de chatarra se había encogido con la crisis del petróleo, y en 1974 la chatarra había comenzado a escasear y, por supuesto, a encarecerse. España necesitaba este material para su conversión siderúrgica, y en los círculos industriales se pensó en la posibilidad de fabricar prerreducidos que evitasen en parte la importación de chatarra, para lo que se necesitaba mineral magnético español,  encontrándose este en las minas de Cala y Berrona.

El proyecto trataba de la fabricación de prerreducidos en el suroeste de España para transportar el concentrado de mineral de hierro a una planta de peletización que se situaría en el pueblo pacense de Fregenal de la Sierra. En la planta se convertirían en pellets – pequeñas bolas de mineral previamente triturado y concentrado hasta un 67% de contenido férreo – alrededor de 1.330.000 toneladas anuales de mineral extraído de las minas de Cala en Huelva, y Berrona en Badajoz,  cuya producción de pellets sería  destinada a la industria privada, a Ensidesa y a la actividad exportadora, siendo las previsiones de creación de empleo en cerca de 900 puestos de trabajo – 325 en Cala, 198 en mina de Berrona, 172 en la planta de pelletización de Fregenal de la Sierra, y 175 en la planta de prerreducidos -, con un volumen de inversión en torno a los 33.000 millones de pesetas.

Felipe González en su primera visita al encierro minero de Cala...

Felipe González en su primera visita al encierro minero de Cala…

Una vez en el interior de la mina, lo primero que hicimos fue preparar el habitáculo, instalando un teléfono para comunicarnos con el exterior, preparando nuestros dormitorios – consistentes en unas colchonetas sobre el suelo -, pero a los tres días del encierro comenzó a llover fuertemente, ocasionando una gran riada en el interior de la explotación abandonada que nos arrasó todo el entramado, teniendo que reconstruirlo  nuevamente, aunque esta vez con unos camastros de madera, aislados del suelo, y las colchonetas encima.

En el interior no teníamos luz, así que metimos unos bombonas de gas con unas farolas que, junto con el fuego permanente que usábamos de cocina, no solo servían para  calentarnos por la noche, sino que nos permitía ver lo suficiente a la hora de leer las noticias de los periódicos o escribir nuestros comunicados al exterior.

Debo de reconocer que yo fui el que mejor “vivió” en aquel encierro, pues tenía que salir bastante al exterior para participar en las distintas asambleas y concentraciones organizadas casi todos los días en los distintos pueblos del suroeste andaluz, así como animar los encierros que, de manera simultánea al encierro minero, habían organizado en el pueblo: las mujeres en el ayuntamiento, los guajes en la escuela, aunque sin dejar de asistir a clase, los pensionistas en el centro social,  y así sucesivamente…  

Gabriel Hermoso "El Piraña" dirigiéndose a los mineros encerrados en el interior de la Mina de Cala, para manifestar que ellos "los guajes" se quedaban encerrados con sus padres...

Gabriel Hermoso “El Piraña” dirigiéndose a los mineros encerrados en el interior de la Mina de Cala, para manifestar que ellos “los guajes” se quedaban encerrados con sus padres…

Ni siquiera había transcurrido una semana de nuestro encierro, cuando se “corrió” por la zona de que los antidisturbios de la Guardia Civil tenían previsto entrar por la noche en la mina para sacarnos de allí por la fuerza. La respuesta, por nuestra parte, no se hizo esperar ni un solo minuto, así que nos abastecimos de la suficiente dinamita almacenada en los polvorines de la empresa, colocando una “pega” a los seiscientos metros de donde nos encontrábamos, dispuesta para “explosionarla” cuando nosotros decidiéramos, de tal manera que en el momento que tuviéramos que hacerlo, esto ocurriría con la simple maniobra de empalmar los cables al teléfono  y descolgarlo para llamar a Radio Nacional de España en una hora acordada. Aquello provocaría el hundimiento de una parte muy importante de la mina, teniendo que esperar unos cuantos días antes de que llegaran las “brigadas de rescate” al lugar donde nosotros teníamos instalado el campamento minero, lo que había sembrado un cierto temor entre la población, no sólo de la zona, sino de España entera.

Me acuerdo de la primera visita de Felipe González a la mina, cuando estábamos en plena huelga de hambre, quien se interesó por el sistema que teníamos instalado para el hundimiento de la mina con nosotros adentro, hasta el punto de que le hicimos un simulacro con “medio cartucho de dinamita”, haciéndole explotar en un rincón de la mina, hasta el punto de cambiarle el color de su cara, para decirnos: “Antón, estás zarvaje; tienes que acabar con la huelga de hambre y desistir de esta locura”, a lo que le contesté, delante de los compañeros, de que yo no estaba allí para hacer campaña electoral con los problemas de los trabajadores, sino que me había desplazado desde Asturias para buscar y lograr soluciones, tal y como era mi manera de pensar  y actuar sindicalmente, desechando en todo momento el meter a los trabajadores en callejones sin salida. El entonces secretario general del PSOE y candidato a la presidencia del gobierno de España, Felipe González, nos prometió que volvería a visitar a los encerrados, como así ocurrió.

Encuentro de los mineros encerrados en el "Socavón Nuevo" de Cala con sus familiares, el año 1982

Encuentro de los mineros encerrados en el “Socavón Nuevo” de Cala con sus familiares, el año 1982

Mientras los alcaldes de los pueblos afectados por el conflicto protagonizaban sentadas a las puertas del Ministerio de Industria y Palacio de la Moncloa, nosotros recibíamos la visita de nuestro secretario general, Nicolás Redondo, a la vez que celebrabamos una asamblea en la explanada de la mina para convocar una manifestación en Huelva para el día 17 de abril. En aquella manifestación, donde tuve que intervenir desde un escenario improvisado en los escalones de la Delegación de Hacienda, dábamos un plazo de 24 horas al gobierno de la nación hasta el establecimiento de un programa para la puesta en marcha inmediata de la planta de pellets, exigiendo un documento firmado donde quedara reflejado el calendario de fechas, apoyado con la convocatoria de una huelga general que paralizó toda minería onubense, y la convocatoria de una gran movilización para el domingo, 26 de abril, en la localidad pacense de Fregenal de la Sierra que concentró a más de 20.000 personas procedentes de todas las zonas mineras de España. Por aquellas fechas, los encierros de personas afectadas por el conflicto se habían generalizado, calculándose en más de cuatrocientas personas, encerradas en los ayuntamientos, iglesias, escuelas y centros sociales.

Aquellas convocatorias y acciones de presión por nuestra parte debieron de surgir efecto, porque el día anterior a la manifestación, el presidente de la Junta de Extremadura, el centrista Manuel Bermejo, era citado en el Palacio de La Moncloa por el presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, para hablar del proyecto, llegando incluso a amenazar públicamente con presentar su dimisión irrevocable si el proyecto no se llevaba a cabo: “con la realización del proyecto se ahorrarían siete mil millones de divisas, se enviarían a Extremadura mil cien millones de jornales al año y se crearían una corriente financiera por valor de quince mil millones de pesetas, además de mejorar las comunicaciones con Huelva, tanto por ferrocarril como por carretera”, afirmaba literalmente el presidente autonómico ante las miles de personas asistentes a la magna concentración de Fregenal de la Sierra.

Así llegamos a la fecha del 28 de abril, cuando los mineros encerrados decidimos poner fin al encierro, pero sin alejarnos mucho de “nuestra mina”, debido fundamentalmente a las expectativas esperanzadoras que podían surgir de la reunión que se iba a celebrar al día siguiente, 29 de abril, en el Palacio de la Moncloa con el Presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo.

En aquella reunión, el presidente había transmitido a los representantes de los mineros “su esperanza en la viabilidad del proyecto PRESUR y la voluntad firme del Gobierno de llevar éste adelante”, añadiendo que tenía que actuar “con rigor y seriedad”, a la vez que advertía que, el Ejecutivo “en ningún caso negociaría bajo presión”, postergando la decisión sobre la instalación de la planta de pellets de Fregenal para la fecha del 7 de junio.

Felipe González con los mineros de Cala en pkena campaña electoral en Andalucía, el año 1982.

Felipe González y Tomás Vera con los mineros de Cala en plena campaña electoral en Andalucía, el año 1982.

Aquella promesa, en absoluto colmaba nuestras aspiraciones y, sin pensarlo un solo minuto, decidímos volver al encierro, emitiendo un comunicado en el que fijábamos un plazo de 72 horas para que el gobierno nos hiciera entrega del calendario exigido para la puesta en marcha de la planta pelletizadora. El problema se planteó cuando, habiendo dejado entrar a los niños en la mina para fundirse en un abrazo con sus padres, Gabriel, de catorce años, conocido en el pueblo por “El Piraña”, nos propone en nombre de sus compañeros, que ellos quieren quedar allí encerrados con sus padres, pero aquello no era la película de “Verano Azul”, emitida por la televisión por aquellas fechas, aquello era una lucha a muerte por la supervivencia de un pueblo, donde unos padres con sus hijos permanecían unidos y destrozados por un “cachu” de pan. Al final, no lograron quedarse, pero “lograron llevarse la boina de Saavedra, que la colocan en el teleclub del pueblo como trofeo o reliquia donde mirarse para seguir en la lucha hasta que sus padres consigan lo que ellos consideran que es de justicia”, tal y como relata el periodista Antonio Rubio en su amplio reportaje de INTERVIU (Mayo de 1982)

Efectivamente, tal y como nos había prometido en su primera vista al interior de la mina, Felipe González – aprovechando la precampaña electoral de los comicios autonómicos en Andalucía, fijados para el 23 de mayo -, nos visitaría por segunda vez el 30 de abril, almorzando con nosotros – jamón ibérico de la Sierra de Aracena, pote de garbanzos, y torta del Casar -, declarando ante los medios de comunicación que “no pretendía otra cosa que mostrarnos su solidaridad”, a la vez que acusaba  al Gobierno de “haber incumplido sus compromisos”, aunque en un “petit comité”, celebrado previamente en el interior de la mina, nos había hablado de ciertas expectativas favorables para que el gobierno de la UCD hiciera realidad el proyecto que estábamos defendiendo, a la vez que él mismo se comprometía públicamente a que aquel proyecto minero iría adelante, siempre que él saliera elegido presidente del gobierno español en las elecciones generales, a celebrar a continuación de las autonómicas de Andalucía.

Recuerdo una anécdota, surgida en la comida con Felipe González, quien había sido acompañado por un ejército de alcaldes y políticos del PSOE. Estos, los alcaldes, eran los que nos venían suministrando diariamente la alimentación durante el encierro minero pero, en aquella ocasión, aprovechando la visita del jefe, muy “gorrumbos” ellos,  habían suministrado los mejores jamones y lomos de bellota  de la mejor zona jamonera del mundo, de tal manera que, una vez acabada la comida, habiendo sobrado más de siete  jamones y una decena de lomos, ellos mismos se peleaban entre ellos para llevarlos a sus casas: “Coge aquel hachu – le dije a uno de mis compañeros -, y al que se le ocurra coger un jamón o un lomo, le cortas la mano”.

La noche anterior había recibido una llamada telefónica de Julio Feo, jefe del gabinete de Felipe González, desde el Hotel Luz Huelva, donde se encontraba hospedado Felipe, y, aunque Julio Feo haga mención en el libro de sus memorias a la conversación mantenida – redactada a su manera -, la realidad fue que me había llamado para preguntarme si yo no quería que Felipe González visitara a los mineros, ya que yo mismo había declarado en rueda de prensa, celebrada unas horas antes, que “no consentiremos que nadie haga campaña electoral en nuestra lucha. Esta es la lucha de un pueblo y no de un partido político”, siendo mi respuesta para  decirle  que Felipe González era bastante  mayorcito  y, por lo tanto, podía hacer lo que creyera más conveniente, dejando muy claro que siempre sería muy bien recibido por los mineros en el apoyo de sus reivindicaciones.

Desde mi punto de vista, cada vez tenía más claro que el PSOE había convertido nuestra lucha en una especie de trinchera para tumbar al Gobierno de la UCD, presidido por  Calvo Sotelo, máxime cuando el mismísimo Felipe González había lanzado públicamente su promesa de “mantener abierta la mina cuando el PSOE alcanzase el gobierno de España”. No obstante, a nosotros nos servía perfectamente para el logro de nuestros objetivos.

Además, en la misma medida que comenzamos a ver la luz en el conflicto, también iba confirmando mis temores sobre los verdaderos objetivos de aquellos personajillos del PSOE que no estaban sino pensando en el “beneficio económico” que podía reportarles la viabilidad del proyecto, tanto para sus bolsillos como para lo que acabó siendo una de las tantas fuentes de financiación irregular del PSOE.

Salida del encierro minero de 32 días en "Socavón Nuevo" de Cala, el 1º de mayo de 1982

Salida del encierro minero de 32 días en “Socavón Nuevo” de Cala, el 1º de mayo de 1982

Mis temores quedaban confirmados cuando aquel 1º de Mayo de 1982 los mineros poníamos fin al encierro en el “Socavón Nuevo” de Cala, improvisándose unas intervenciones ante los más de mil familiares y amigos que nos esperaban a la salida, donde yo fui ninguneado por personajillos del PSOE que llevaban cuatro horas y media en el partido, tales como el  Correa, Seisdedos o Vera, a pesar de que la gente pedía mi intervención, tal como había sucedido a lo largo del encierro, a la vez que me hacían entrega de un ramo de flores para mí compañera, una pala excavadora de juguete para mi hijo Iván, una muñeca para mi hija Susana, y un jamón de los que habían sobrado del encierro para mí. Con ello, no pretendíamos sino evitar la politización partidista durante la campaña electoral en Andalucía y dar un margen de confianza al gobierno para que cumpliera sus promesas, lo que en absoluto significaba el abandono de nuestra lucha.

De hecho, por parte de la Federación Estatal de Mineros de UGT, después de haber mantenido conversaciones personales con el secretario general de la Federación Estatal de Mineros de CC.OO., Manuel Nevado Madrid, y reuniones entre los miembros de ambas ejecutivas estatales, habíamos convocado  una huelga general en toda las minería del país, creándose por parte de los mineros de Cala equipos informativos de tres miembros que saldrían de la población onubense con destino a los demás pozos del país de cara a preparar la protesta a nivel estatal. No obstante, la misma sería desconvocada cuando el 4 de junio de 1982 se daba luz verde por parte del Gobierno a la instalación de la planta de pellets.

Felipe González con los "guajes" de Cala, el año 1982

Felipe González con los “guajes” de Cala, el año 1982

Ni que decir que Cala fue una fiesta. El pueblo se echó a la calle para celebrar la noticia, pues gracias a la construcción de la planta de pelletización en la localidad pacense de Fregenal de la Sierra, la lucha de los mineros y la gente del pueblo hacía realidad aquel gran objetivo que garantizaba la vida a tantos pueblos de la comarca, después de aquella dura y larga batalla.

Atrás quedan las hemerotecas de los periódicos, con los editoriales insultantes de Pedro J. Ramírez en el DIARIO 16 contra mi persona, algunos de las cuales rayando la palabra terrorista… Atrás queda la celebración en el año 2007 del XXV Aniversario de aquella lucha de los trabajadores y la gente del pueblo, donde ni siquiera fui invitado para asistir a los actos, a pesar de haberme sido concedida, en su día, la medalla de oro del Ayuntamiento de Cala… Atrás queda el cierre “ordenado” de aquella explotación minera que sigue encerrando en sus entrañas más de 60 millones de toneladas de hierro de excelente calidad, cuyos últimos trabajadores dejaban de hacerlo el 21 de enero de 2010…

Allí, en el Centro Social de Cala quedaba colgada, a modo de trofeo, la boina que los “guajes” del pueblo, encabezados por Gabriel Hermoso Morales “el piraña”, me habían quitado de la cabeza, el día que lograron visitarnos en el interior de la mina, y aquí, en Asturias, sigue estando un paisano con otra boina, dispuesto a seguir luchando por los mineros y sus comarcas.

XXV Aniversario de la lucha minera en Cala, el año 2007...

XXV Aniversario de la lucha minera en Cala, el año 2007…

A modo de conclusión, y solo para dejar constancia de que yo también estuve allí, me quedaré con una parte de la crónica aparecida en el diario EL PAIS del 25 de abril de 1982: “… A primera hora de la tarde de ayer los veintiseis mineros encerrados aceptaron la presencia en el túnel de un grupo de periodistas y fotógrafos, por primera vez desde que comenzara la huelga de hambre. En la bóveda que les acoge, a un kilómetro de la entrada del túnel, los mineros, dirigidos por José Antonio Saavedra, secretario general de la Federación Estatal Minera de UGT, mantuvieron un profundo silencio. No quisieron hacer ninguna declaración. Se remitieron a su último comunicado, en el que entre otras cosas, piden a sus mujeres e hijos que no intenten entrar en la mina.

La entrada en el túnel de la mina es una puerta a un infierno. Las luces de la furgoneta que acerca a las visitas hasta la bóveda donde viven los mineros no alumbra más allá de diez metros. Tal es la cantidad de humo y gases allí concentrados. Los mineros se encuentran en una ancha y redonda bifurcación del túnel. Disponen de literas soportadas por estructuras de madera y mantienen encendidas día y noche una hoguera de gruesos troncos. Un par de mesas aguantan una lámpara de gas. Al fondo se oye el rumor de un riachuelo de agua. Hay humedad (…) Alguien se acerca al fondo de la bóveda y un minero, con voz seca, ordena que se pare. Allí, dice, hay dinamita. La dinamita, según aseguran, también está colocada y listas las conexiones para activarla y cerrar la boca del tunel. Los mineros temen que la Guardia Civil entre en la galería. Por ello tienen preparados los barrenos…” 

Poblado minero de Tharsis – Corrales, el año 975

Pero tampoco había éste mi primer encierro minero en la provincia onubense, porque también fue allí en la vecina Tharsis donde protagonizamos desde UGT el primer conflicto serio de la minería. Tal y como ha quedado reconocido, tanto el PSOE como la UGT habían entrado en la década de los setenta prácticamente desaparecidos del mapa político sindical, por lo que puedo afirmar que se trataba de una labor de refundación de las organizaciones socialistas. De esa manera nos lanzamos a la tarea de ir organizando, mejor dicho, ir haciendo los primeros afiliados en las distintas zonas donde nos constaba que las organizaciones habían estado implantadas. Por aquellos años de clandestinidad, yo mantenía contactos con bastantes mayores que habían redimido sus condenas políticas a base de trabajos forzados en el “campo de concentración del Pozo Fondón”, procedentes de Andalucía, entre otras zonas del país, los cuales me hablaban del fuerte movimiento obrero socialista que había existido en la minería de Teruel, Córdoba, Ciudad Real, Jaén y Huelva, y hacía allí destinamos nuestras primeras salidas, en principio, de viernes a lunes, e incluso haciendo uso de mis vacaciones. 

Recuerdo mi primera estancia, allá por 1975 en la zona minera onubense de Tharsis, el clásico poblado  surgido en torno al yacimiento minero, basado en la falta de un planeamiento global como consecuencia de la supeditación del pueblo a las necesidades de la mina y segregación social de la clase dirigente del resto de los trabajadores, de tal manera que se podía distinguir Tharsis, como núcleo urbano principal, destinado a la vida de las familias mineras, y el núcleo de “Pueblo Nuevo”, el barrio de las familias inglesas, separado varios kilómetros al sur del anterior. 

Pozo minero de Tharsis, en la provincia de Huelva

En el poblado de trabajadores destacaban las construcciones destinadas a iglesia, campo de fútbol, mercado de abastos, teatro, casino minero…, y en el núcleo de “Pueblo Nuevo”, cabía destacar la casa cuartel de la Guardia Civil con garita de control, las oficinas de la Compañía, el club inglés, la casa de la señorita Grey…  

Los primeros contactos estuvieron centrados en la necesidad de un convenio en la empresa, con especial incidencia en el incremento de los salarios, rebaja de aquellas agotadoras jornadas laborales de doce horas y, sobre todo, en las medidas de seguridad y salubridad, tanto para los mineros como para el conjunto de la población que tragaba toda la “mierda” de la explotación minera. Recuerdo que, teniendo que pernoctar en casa de algún compañero en aquellas “chabolas”, donde casi no cogía la familia, en cierta ocasión me invitaron a comer en su casa: tres huevos fritos, unos tomates con sal, y pan cortado en grandes trozos, todo colocado en el centro de la mesa, para seis personas que comíamos “a rancho”. 

Las negociaciones no avanzaban, hasta que un día decidí dar una paso adelante, echando un “par de cagamentos” ante la dirección de la empresa, decidiendo quedar encerrado en las oficinas hasta que fui expulsado violentamente por la guardia civil, después de un forcejeo con la benemérita, en presencia de los compañeros, siendo conducido al cuartel, donde un sargento me invitaba de muy malos modos a largarme a mi tierra de Asturias. Debo confesar que yo tenía tanto miedo a la guardia civil como podían tener aquellos compañeros, pero no podía demostrarlo en ningún momento, y aquella actuación, cuando yo pensaba que había sembrado miedo ante los mineros que sólo comentaban por el poblado lo que había ocurrido con “el asturiano”, sirvió para “encender la chispa”,  armándose la de Dios es Cristo con  la declaración de la huelga minera con carácter indefinido por parte de los casi 1200 mineros. La dirección de la empresa desapareció de la cuenca, y los mandos no hacían acto de presencia en ninguna de las explotaciones  en las localidades de Corrales y La Zarza, en Calañas, pero sí adoptaron la triste decisión de cerrar los economatos de empresa en los poblados, lo que teniendo en cuenta la larga distancia de los poblados a la capital onubense, y que nadie suministraba a los mismos, trataban de ganar la batalla  a los mineros “por el hambre”.   

Un guaje de Tharsis jugando a la pelota en la cuna del fútbol español…

La primera acción que tomamos fue entrar en la residencia de los mandos, en el barrio inglés, donde había muy buen surtido de todo, incluyendo unos cuanto jamones de “pata negra”, de los que dieron buena cuenta los “guajes” del poblado en fracción de minutos: ¡¡¡ mucho disfruté viendo comer a aquellos neños aquel manjar que, seguro lo hacían por primera vez en su vida!!!, y yo, otra vez conducido al  cuartel de la guardia civil, que me hacía responsable de aquel “asalto a la propiedad privada”. 

Pero aquello no servía para solucionar el problema del hambre, así que decidímos entrar en la granja de vacas que la empresa tenía en los extensos terrenos de la comarca y matar tres vacas: dos para repartir entre la población y otra asada en la misma granja para comer allí mismo, lo que unido a la solidaridad mostrada por otras cuencas mineras como Riotinto Minera, Alosno, Minas Concepción y Minas de Herrerías, con el envío de comida y pan, mucho pan, hasta que la empresa decidió sentarse a negociar nuevamente, pero en Madrid.

Al final logramos un gran convenio, con el incremento sustancial de los salarios, la rebaja de dos horas diarias en la jornada laboral, retirada de todas las denuncias y eliminadas las multas contra mí y, sobre todo, un aprendizaje de aquellos compañeros mineros en el camino elegido para solucionar sus problemas, muy distinto al camino hacia aquel casino minero, del que me decían ciertos mineros, que la empresa era muy buena, porque les ponía la copa de coñac a “una con cincuenta pesetas”, cuando en otros lugares costaba “tres o cuatro pesetas”. Pero,  ¿¿¿ no os dais cuenta, que la empresa está usando el casino para que os emborrachéis casi gratis y os olvidéis de vuestros problemas como trabajadores y como ciudadanos del poblado???

ANTON SAAVEDRA 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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