EN EL POZU MARIA LUISA, TRIANLARALARÁ, TRIANLARÁ…

Pozo María Luisa, el 31 de diciembre de 2016…

Escribir sobre el pozo María Luisa es escribir sobre una de las explotaciones mineras de carbón más emblemáticas y conocidas de Asturias, pero es también escribir sobre una canción emblemática, una especie de himno de los mineros, que se repite cada vez que hay un acontecimiento de alegría o de protesta relacionado con la minería, porque a pesar de su carácter dramático y de protesta, sin embargo se  cree que en su origen fue una alegre melodía interpretada en fiestas y tabernas a finales del siglo XIX o principios del XX, aunque tampoco se sabe con exactitud.

Lo cierto es que fueron los mineros asturianos quienes cambiaron su letra  de “Santa Bárbara bendita, patrona de los mineros…, por la de “En el pozu María Luisa, tranlaralará…”, para utilizarla como un himno que cuenta una historia trágica: “el regreso a casa de un minero que relata a su mujer, Maruxina, como un accidente en la mina le costó la vida a varios compañeros. Un relato habitual, desgraciadamente repetido en miles de ocasiones, en las cuencas mineras asturianas y de otras regiones. Un minero que narra cómo llega a su domicilio con una herida en la cabeza y la camisa ensangrentada”, referido más concretamente a la explosión de grisú ocurrida el 14 de julio de 1949 que causó la muerte de 17 compañeros mineros en el Pozu María Luisa, situado en la localidad langreana de Ciaño.

Croquis de situación sobre la tragedia del Pozo Maria Luisa que causó la muerte de 17 compañeros mineros, el 14 de julio de 1949

En efecto, eran las seis y cuarto de la tarde de ese maldito día, cuando en el taller de explotación formado sobre la capa Vieja de 3ª planta a Nivel intermedio, del paquete Sotón, ocurría una tremenda explosión de grisú provocada por el disparo de un barreno al relleno, que sepultó a varios mineros, causando la muerte de diecisiete de ellos, de los que quince perecieron en el acto y otros dos fallecieron a los pocos días en el Sanatorio Adaro. El relevo había entrado a las diez de la mañana, estando muy próxima la hora de salida cuando se produjo la tragedia. Al respecto, resulta grotesco leer las declaraciones del capataz jefe del pozo José Riera Mortera, cuando, aludiendo al vigilante del taller, Graciano Montes Ardura – fallecido también en el accidente – manifestó que: “no le daba el más estricto cumplimiento a las órdenes recibidas, ya que era uno de los más díscolos, a pesar de haber recibido el folleto titulado ‘Grisú’, editado por la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, con varias prescripciones de obligado cumplimiento para los vigilantes, que no cumplía debido a su carácter indisciplinado (…) además, existe un  anuncio en la casa de aseo de los vigilantes, recordándoles la ‘obligación de dar por sí mismos las pegas, previo reconocimiento del grisú, y el empleo de los tacos de polvo inerte’, y una prueba de su indisciplina era que, según le había comentado el barrenista Claudio Suárez Izaguirre, en una ocasión en que tenía que dar fuego a una labor que él realizaba, se presentó sin lámpara de gasolina para reconocer el gas”.

Los medios de comunicación informando sobre la tragedia minera ocurrida en el Pozo María Luisa, el 14 de julio de 1949

Al final de un largo y penoso rescate llevado a cabo por la Brigada de Salvamento Minero, en la madrugada del 18 de julio se daban por finalizados los trabajos de recuperación de las víctimas de tan brutal accidente por falta de medidas de seguridad, como tantas veces ocurrió en nuestras minas, debido al terrorismo empresarial de la época, y sin embargo, tan silenciado. Pero, si resultaba grotesco escuchar las manifestaciones del capataz jefe del pozo echándole las culpas a las constantes indisciplinas del vigilante minero muerto, aunque seguía manteniéndole en su puesto, más grotescas todavía resultaron las conclusiones de los ingenieros actuarios de la Jefatura de Minas diciendo que “el sector de la mina estaba bien ventilado, no habiendo lugares propicios a la acumulación del gas”. Una vez más quedaba demostrado que entre los “lobos” de la Jefatura de Minas y los “lobos” de la dirección de la empresa no se comían entre sí.  

El sindicato vertical de Franco, en vez de investigar las causas reales de los accidentes laborales, todo lo solucionaba con una esquela y una corona de flores…

Este mítico yacimiento comenzaría a explotarse en 1858 por la Unión Hullera Santa Ana, para pasar en 1869 a ser propiedad de la Sociedad Carbones de María Luisa, bajo la dirección de Luis de Adaro y Magro, quien junto a la Sociéte D`Eichthal et Compagnie y La Justa creó en 1886 la Unión Hullera y Metalúrgica de Asturias, sociedad que se fusionaría  con Duro Felguera en el año 1906, conservándose en la actualidad la bocamina de mampostería de su socavón principal que, tal como figura con claridad en su piedra clave, entraría en servicio el año 1897.

Así llegamos al año 1918, cuando se iniciaba la profundización del pozo María Luisa, quedando suspendidas las tareas ante los graves problemas que había de escasez de mano de obra, para reanudarse muy lentamente en 1922, pero debido a la crisis que sufrió la minería asturiana después de la 1ª Guerra Mundial, los trabajos volvieron a quedar suspendidos  parcialmente, reiniciando los mismos el primero de abril de 1940, siendo inaugurado el pozo con fecha 15 de marzo de 1942.

Pozo María Luisa, el año 1943.

No obstante, la empresa seguiría manteniendo también el grupo de montaña en explotación hasta el 18 de abril de 1969 en que fue traslada su plantilla al pozo María Luisa, dejando los 2.700 metros de transversal para tareas de ventilación del pozo y desagüe para el centenar de bocaminas que existieron aguas arriba del valle, siendo el primer  castillete de España que se construyó con soldadura en lugar de remaches. Igualmente, en 1973, sería también el primer pozo en instalar un segundo castillete construido sobre el antiguo, formando lo que el ingeniero geólogo Pedro Fandós, define como una auténtica macla de hierro de la arquitectura industrial, de forma que sus máquinas de extracción se individualizaban en edificios diferentes pero compartiendo el mismo pozo, el cual, a su vez, es el único conocido cuyo agujero es de sección oval en lugar de circular. 

Bocamina de la Mina Mª Luisa, con la piedra clave que nos indica el año 1897

En el año 2008 se procedió a una segunda   modificación del castillete, tras la incorporación de una segunda polea Koepe, procedente del pozo Solvay de Lieres (Siero II), por lo que hubo de construirse una nueva casa de máquinas con renovación de todo el guionaje, con un coste en torno a los siete millones de euros, quedando inauguradas estas reformas con fecha 24 de septiembre de 2009, alcanzando en la actualidad una profundidad de 505 metros en diez plantas. 

Las jaulas de este emblemático pozo, integrado en la empresa Nacional HULLERAS DEL NORTE en el año 1967, tras pertenecer a la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, que llegó a tener una plantilla de 1600 mineros en el año 1992, sacaban al exterior al último relevo de personal productivo el 30 de diciembre de 2016, tras 158 años de producción ininterrumpida, desde que la empresa de capital francés Unión Hullera Santa Ana,  empezase a extraer mineral del llamado socavón María Luisa, que acabó dando nombre a todo el complejo minero de María Luisa,  conectado con el pozo Sotón – utilizado actualmente como atractivo turístico – y con la zona de Modesta, ahora convertida en otro polígono industrial sin empresas. Así mismo, también está unido con los pozos Samuño y San Luis de La Nueva, conformando todo un entramado subterráneo en el concejo de Langreo que la empresa y sus pandilleros sindicales, en vez de llamarlo cierre de explotaciones mineras, lo llamaban “concentración de yacimiento”, dejando en sus entrañas carbón para otros 158 años más, con  un entorno plagado de miseria y destrucción, donde se pueden ver a miles de jóvenes sin otro futuro que largarse de la tierra que les vio nacer hacia no se sabe qué lugar, donde muchos de sus padres dejaron la vida por situar a este país en el club de los países más industrializados del mundo.

Ultimo relevo productivo en el Pozo Maria Luisa, el 3o de diciembre de 2016

Por supuesto, este pozo fue protagonista en primera persona de todas y cada una de las luchas mineras que hubo en nuestro país, desde la huelga de 1917 hasta la revolución del 34, o las huelgas de 1957-1963 que marcaron un antes y un después de la dictadura franquista, por no hablar de la última batalla del movimiento obrero minero del año 2012, una lucha sin cuartel de los mineros para que no se acabara con el sector, aunque miserablemente engañados por las élites del  pandillerismo sindical, carentes de una verdadera estrategia sindical para poner en jaque a los gobiernos de un bipartidismo PPSOE al servicio descarado de la oligarquía financiera, aceptando y firmando todos los planes de cierre de minas y muerte de las comarcas mineras. 

Este pozo que, en 1976, recibía la visita en su interior de los reyes de España, Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, en una época políticamente muy convulsa, a los pocos meses después de la muerte de Franco, no buscaban sino poner de su lado a un sector de los trabajadores – los mineros – que, pese a quien pese, fueron la punta de lanza en la lucha contra la dictadura franquista.

Los Reyes de España, Juan Carlos y Sofía, vestidos de mineros, caminando por una de las galerías de la explotación minera del pozo “María Luisa”, durante su viaje por tierras asturianas, el 19 de mayo de 1976.

En efecto, durante las dos primeras décadas de franquismo, las ya agotadas minas de montaña habían dado paso a los pozos mineros que llevaban a vetas más profundas y alejadas con unos procedimientos de extracción más mecanizados e inadecuados métodos de ventilación que producían constantes accidentes por explosiones de grisú, entre otros muchos accidentes mortales, gravísimos, graves  y menos graves, prolongadas jornadas de trabajo con imposición de horas extraordinarias, eliminación del descanso semanal y la implantación de un sistema laboral en base a la productividad y la deficiente alimentación que hacían empeorar las condiciones de salud de los mineros en el marco de una carencia absoluta de leyes laborales sobre la salubridad, hasta el punto de que los mineros se morían echando los pulmones por la boca como consecuencia de la enfermedad de la silicosis.

Pozo María Luisa en la localidad langreana de Ciaño.

Ya en la década de los años cincuenta los orígenes de la conflictividad laboral estaban en el cambio de signo del mercado del carbón por la competencia del petróleo. La patronal minera había iniciado un proceso de reconversión del sector, llamado de “racionalización”, que afectaba directamente a las ya durísimas condiciones de los trabajadores, de tal manera que dieron comienzo los primeros conflictos y huelgas importantes de esta década.

En este escenario se llega a la fecha del 9 de marzo de 1957, cuando un grupo de picadores del pozo María Luisa, completaba su jornada laboral sin extraer una sola piedra de carbón, respondiendo el régimen y la patronal con la amenaza de  militarizar  la mina, aunque los mineros continuaron con su “huelga de brazos caídos”, finalizando el mismo cuando la patronal decidió aumentar el salario. Sin embargo, el 25 de marzo llegaba la resolución que anunciaba la militarización del pozo, privando de la exención militar a 52 mineros que tenían ese beneficio, lo que motivó un encierro en el pozo María Luisa, secundado por los compañeros mineros de los pozos Fondón y San Luis de La Nueva. Aquello era muy novedoso y las localidades y plazas de los pozos mineros no solo se llenaron de gente, en espera de lo que ocurría con los suyos, sino que dio lugar a fuertes enfrentamientos entre la policía y las mujeres y los hijos de los mineros encerrados, dándose una de las más espeluznante anécdotas que definía perfectamente la clase de tropa que gobernaba en España, cuando el gobernador Civil de Asturias, el falangista de la Guardia de Franco, Francisco Labadie Otermin, le comunicaba al ministro de la Gobernanción, general Camilo ALONSO VEGA, el hecho de los mineros que se encontraban encerrados en los pozos y este energúmeno fascista le contestó: ¡¡¡Pues, que tabiquen los pozos!!!

También bajó al pozo Maria Luisa el dirigente comunista Horacio Fernández Inguanzo “El Paisano”…

Aunque esta jornada de lucha que acabaría con la salida de los mineros después de cinco días de encierro en el interior del pozo,  no había logrado que las reivindicaciones de los trabajadores triunfaran, estos empezaron a recuperar sus fuerzas para continuar nuevas jornadas de lucha en los años siguientes, y así, en marzo de 1958 otro duro conflicto surgía en el pozo de María Luisa que acabó con despidos y el cierre de las instalaciones por parte de la patronal. Los mineros respondieron con una huelga que afectó a más de 15.000 mineros,  pero una vez más la patronal, la organización sindical franquista y el Régimen actuaron contra los mineros clausurando las explotaciones mineras y decretando el estado de excepción.

Boletines mensuales de FUSOA donde figuraba el dinero que recaudábamos el día de “paga” en los centros de trabajos, así como las personas a quien se les entregaba…

Aquello acabó con una durísima represión, a base de continuas detenciones y torturas, pero sobretodo, con cientos de mineros desterrados a regiones lejanas; la mayoría afectados por enfermedades en regiones empobrecidas sin posibilidad de trabajar. Sin embargo, ellos mismos  serían los que potencialmente fueron preparando una siguiente década de mayor conflictividad y radicalización, donde se fueron convirtiendo en la vanguardia del movimiento obrero español, dando comienzo a la formación de comisiones de solidaridad y lucha, como FUSOA, que no solo recogían dinero para los represaliados y encarcelados por las distintas cárceles de España, sino que seguían organizando huelgas de solidaridad, mientras las organizaciones clandestinas se activaban.  

A pesar de aquella salvaje y brutal represión contra los mineros, estos resistían, a veces de una manera aislada e inconexa, aunque de una manera intensiva, usando métodos como la reducción del rendimiento, el abandono voluntario, incluso el despido provocado, aunque este comportamiento llegó a estar considerado como una deserción, habida cuenta que los mineros, al estar militarizados, no podían abandonar por propia iniciativa su puesto de trabajo. Al respecto, teniendo en cuenta las dificultades para poder cuantificar realmente la incidencia real de este rechazo individual en el conjunto de la minería, sí se puede precisar que en el Grupo de San Martín de Rey Aurelio, la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, con una plantilla en torno a los 2.000 mineros, se produjeron 1.423 abandonos entre los años 1939 y 1951. Unos abandonos que aquellos mineros militarizados rápidamente recibían en forma del correspondiente castigo de acuerdo con el informe del capataz – en aquella situación, equiparado al grado de teniente, aunque sin haber hecho ni siquiera día de “mili” – enviado a la patronal que, a su vez, era la encargada de hacerlo llegar a la Comisión Militar de Movilización. 

La hora del bocadillo en la mina yera sagrada…

Sin embargo, el motor principal de las protestas de los mineros fue, principalmente, la deficiente alimentación, debido a la escasez de alimentos y al estraperlo que se hacía con los mismos, provocando huelgas y encierros mineros de todo tipo, como el ocurrido en la mina La Piquera de L’Entregu en el año 1949 cuando los mineros se plantaron al grito de “¡¡¡ QUEREMOS MÁS COMIDA !!!” 

Se trataba, como ha quedado dicho, de aquellos conflictos esporádicos, muy difíciles de coordinar y extender más allá de las minas ante aquella militarización, la censura informativa, la vigilancia policial y la represión. Otra cuestión distinta fue aprovechar los desgraciados momentos ante la gran cantidad de accidentes de trabajo que se producían, hasta el punto que cada entierro de un minero fallecido, se paralizaba el trabajo en la mina, aprovechándolo para reivindicar lo que había que reivindicar, provocando en la mayoría de las ocasiones una intensa solidaridad con paros de la cuenca minera entera, cuando no de la totalidad de la minería asturiana en su conjunto.  

“… Y un reloj que aún marcaba las cinco y media del día en que el grisú vino al tajo hambriento de carne viva…” Y así, hasta los ¡¡¡ CINCO MIL MINEROS MUERTOS EN LAS MINAS ASTURIANAS!!!, La mayoría de ellos, como consecuencia del TERRORISMO EMPRESARIAL practicado en las explotaciones mineras, donde una mula era más importante que un paisano…

El caso más conocido fue el 14 de julio de 1949, cuando diecisiete mineros fueron muertos por falta de medidas de seguridad en el pozo María Luisa, de Duro Felguera que, por primera vez se hacía público en la Revista del Combustible, ya que hasta esa fecha no habían aparecido referencias a ningún accidente mortal, entre otras cuestiones, porque el gobierno y la patronal , conocedoras de las tradiciones culturales de los mineros, sabían que del lamento por accidente a la abierta rebeldía había un estrecho espacio, que estaban dispuestos a incrementar con el silencio informativo. Aquella catástrofe minera causó tal grado  de conmoción entre la población asturiana que,  de forma espontánea, se paralizaron  todas las instalaciones del valle del Nalón y la mayoría de las minas en Asturias. Así, de esa manera, quedó instituido el himno de los mineros: “Nel pozu María Luisa, trianlará lará, trianlará.Nel pozu María Luisa,trianlará lará, trianlará. Morrieron cuatro mineros, mirai, mirai Maruxina, mirai mirai como vengo yo. Morrieron cuatro mineros, mirai, mirai Maruxina, mirai mirai como vengo yo…”

ANTON SAAVEDRA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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