LA MALDICIÓN DE LA CASA GRANDE

Buenas tardes y gracias por vuestra asistencia.

Antes de nada, debo de confesar que cuando recibí este lunes la llamada de mi amigo Miguel Ángel Calleja para proponerme la presentación de un libro del periodista Juan Ramón Lucas se me cortó un poco la respiración. Conocía al personaje como uno de esos periodistas de raza que llevan ésta profesión en las venas, obsesionados con llevar la realidad a la radio, la televisión y al papel, pero desconocía de qué libro se trataba y, además, cuando me habló del título del mismo nada me indicaba que se tratara de un libro sobre la minería, pero cuando lo tuve en mis manos y vi la sinopsis del mismo, volví a recuperar la respiración y me dije: ¡¡¡ coño, esto me suena muy familiar, ye lo mío!!!

 Así que me lo engullí en tres días y aquí tenéis la brevísima aportación, de un exminero y exsindicalista en activo al que le tocó vivir acontecimientos por la Sierra Minera de Cartagena-La Unión durante muchos años; donde permanecí encerrado en el interior de sus minas para evitar el cierre, a la vez que hablando a los mineros en aquellas multitudinarias asambleas celebradas en la Plaza del Mercado de La Unión, escenario del Festival Internacional del Cante de las Minas, esencia de la cultura local e imagen más señera de la localidad;  donde conviví con los compañeros mineros en las mesas y mostradores de “la venta el Cojo” y otras en torno a unos “porrinos” de vino y embutidos de la zona debatiendo los pormenores de nuestras reuniones con la Administración sobre nuestra problemática minera; donde disfruté de sus cantes mineros y, sobre todo, donde fui muy feliz cuando, por fin, después de una larga lucha, lográbamos para los mineros de España el Estatuto del Minero que imponía a los mineros de la Sierra Minera de Cartagena- La Unión la jornada de 35 horas semanales de lunes a viernes; una reducción sustancial en la edad de jubilación a través de los coeficientes reductores por cada año de trabajo que, por aquel entonces, sólo disfrutábamos los mineros del carbón, y una de las legislaciones más avanzada del mundo en materia de seguridad minera.

Juan Ramón Lucas y Antón Saavedra en la presentación del libro “La Maldición de la Casa Grande” en la Casa de la Cultura de Noreña, el 24 de noviembre de 2018

“La maldición de la Casa Grande”, además de ser una historia de amor, es también una novela histórica, por más que su autor Juan Ramón Lucas insista en la presencia de personajes ficticios, cuando se trata de una novela muy documentada, con personajes que sí existieron y que es un fiel reflejo de una España y de un modo de entender la vida y la sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX. Una sociedad con diferencias de clases muy marcadas y con un régimen de trabajo que rozaba con la esclavitud.

La historia real de la novela de Juan Ramón Lucas se desarrolla en pleno siglo minero por excelencia para la Península Ibérica, y en esta centuria confluyeron la extraordinaria demanda internacional de metales por el desarrollo de la industrialización y el gran crecimiento de las ciudades con el descubrimiento de muy importantes reservas minerales bajo el subsuelo español, entre ellas las de la Sierra de Cartagena – La Unión, proporcionando unas elevadas cotas productivas hasta situar a nuestro país en los puestos de cabeza de la producción mundial de diversos minerales. Hablar de la minería cartagenera es tanto como subrayar el capítulo fundamental de la historia minera española ochocentista, es decir el del plomo – con la plata como producto alternativo -, llegando a tener Cartagena el dominio en todo momento de la producción plumbífera nacional, junto con el vino, los principales artículos españoles de exportación en el siglo XIX.

Antón Saavedra y Sandra Ibarra en la Casa de la Cultura de Noreña, el 24 de noviembre de 2018

Lógicamente, una turbamulta de buscadores de fortuna de la más variada extracción social y procedencia comenzaron a aparecer por el distrito, entre los que destacaría con nombre propio Miguel Zapata Sáez “Tío Lobo”, un joven nacido en San Javier, el año 1841, en el seno de una familia con recursos gracias a la compraventa de ganado, que tras el abandono familiar y tras un intento fallido de montar una pesquería en la zona norte de La Manga decide instalarse en la Sierra, regentando un ventorillo en el Llano de Beal, desde donde iniciaría un proceso de acumulación de concesiones mineras, enrolándose en el Partido Liberal, de la mano de Romanones, hasta quedar convertido, con el transcurso del tiempo, en el primer minero nacional en la Sierra Cartagena-La Unión que lograría integrar todo el proceso productivo, desde la localización de las vetas para la extracción del mineral hasta la exportación del producto gracias a su propia naviera, alcanzando una de las mayores fortunas de España.

“El Tío Lobo”, tal y como nos relata en su novela Juan Ramón Lucas, fue un patrono minero explotador hasta la infamia que pasaba por encima de todo y de todos para cumplir objetivos sin que le temblara el pulso ni la conciencia en aquella España que agotaba el siglo XIX.

Para ello no dudó un instante en esclavizar a sus trabajadores en todos los sentidos, aunque fueran niños. No solo era una tortura la inmersión en la mina sino las enfermedades a las que después se vieron condenados los obreros por la exposición a materiales cancerígenos.

Presentación del libro de Juan Ramón Lucas “La Maldición de la Casa Grande” en la Casa de la Cultura de Noreña, el 24 de noviembre de 2018

Todo estaba organizado a su gusto: desde la comida con la que se alimentaban sus empleados hasta la extinción de quienes amagaran con levantar la voz a través de sus sicarios como si de una especie de western minero se tratara, donde sus pueblos se veían invadidos por gente emigrante de la vecina Andalucía dispuesta a trabajar en las minas o en la fundición, buscadores de vetas que les hiciera ricos de la noche a la mañana; cantinas en las que los mineros van a ahogar sus penas, donde se canta y se baila flamenco, donde los problemas se solucionan a puñetazos, a veces a navajazos o a tiro limpio como en el Oeste americano, donde los vigilantes pasean armados y a caballo por el pueblo, donde la ley es siempre del rico y poderoso, en este caso de Zapata. Un personaje que Juan Ramón Lucas ha querido recuperar cuando se cumplen 100 años de su muerte.

Sin embargo, en su novela Juan Ramón Lucas no ha hablado por la boca de este personaje central, sino con las palabras de María Adra, “La guapa”. El amor la llevó sin esperarlo al entorno del empresario que le arrancó la dignidad hasta límites infames. No solo fue su cuidadora, sino que se convirtió en su amante. Lucas aclara en las entrevistas que María existió pero que ideó su vida y que fue la decisión de convertirla en narradora la que prácticamente hizo parir “La maldición de la Casa Grande”.

La alcaldesa de Noreña entregando un libro sobre Noreña al presentador del libro “La Maldición de la Casa Grande”, en la Casa de la Cultura de Noreña, el 24 de noviembre de 2018

A lo largo del relato nos irá mostrando cómo es el paisaje, el ambiente, el duro trabajo de la mina y las condiciones de los que en ella trabajan desde muy niños, que en la mayor parte de los muchos casos poco se alejaba de la esclavitud, rebajando la condición humana a la categoría de animal sin diferenciar entre adultos o niños. La miseria en la que los mineros vivían llevaba a que los niños desde edades muy tempranas fueran “utilizados”, porque no se puede decir de otra manera, para abrir galerías donde los adultos no cabían y acarrear piedras en un capazo quintalero que les sobrepasaba en mucho su peso.

Un trabajo del que los mineros siempre terminaban siendo víctimas, bien por un accidente que se produjera en la mina o por las enfermedades que contraían debido a la extracción del mineral y que acababan con ellos, o que en el mejor de los casos terminaban volviéndoles torpes o locos.

Antón Saavedra y Sandra Ibarra en la presentación de la novela “La Maldición de la Casa Grande” del periodista Juan Ramón Lucas, en la Casa de la Cultura de Noreña, el 24 de noviembre de 2018

Pero no eran los hombres las únicas víctimas de este mundo, las mujeres lo pasaban aun peor, no sólo tenían que soportar la miseria en la que vivían, además sufrían el abuso de los que mandaban en esas tierras, los malos tratos de sus maridos y la inseguridad de perderlos en cualquier momento, lo que era aún peor ya que quedaban en la calle sin nada con lo que subsistir, y terminaba abocándolas sin remedio a prostituirse para malvivir.

Ha tenido que ser un proceso difícil meterse en su piel, pero ha sido un acierto también que la denuncia al sufrimiento de este proletariado minero se muestre a través de una mujer. Eran ellas los daños colaterales que también sufrían los hombres, incluidos los menores que acababan en la claustrofobia de las galerías que enriquecieron a tanto Lobo en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión.

En fin, nuestro amigo Juan Ramón Lucas, nos ofrece en su obra documentada una espectacular recreación de una época y de unos escenarios excepcionales, en donde  revive la violencia de la vida en la cuenca minera de La Unión, y donde vemos desfilar a sicarios y pistoleros a sueldo del patrono, a los mineros que dejan su salud en unos pozos en los que la vida no vale nada, y donde vivimos la degradación provocada por el alcohol, la única vía de escape para muchos de ellos, los abusos laborales y sexuales… Pero mucho mejor que leáis el libro, después de escuchar a nuestro protagonista, JUAN RAMON LUCAS.

Muchas gracias.

 

Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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