SIEMPRE EN LA VANGUARDIA DE LA LUCHA

Pedro GARFIAS ZURITA (Salamanca, 27 de mayo de 1901 – Monterrey, México, 9 de agosto de 1967) fue un poeta español de la vanguardia inicialmente ligado al Ultraísmo.

Asturias, si yo pudiera si yo supiera cantarte…Asturias verde de montes y negra de minerales. /// Yo soy un hombre del Sur, polvo, sol, fatiga y hambre, hambre de pan y horizontes… ¡Hambre! /// Bajo la piel resecada, ríos sólidos de sangre y el corazón asfixiado sin venas para aliviarte. /// Los ojos ciegos los ojos, ciegos de tanto mirarte sin verte, Asturias del alma, hija de mí misma madre. /// Dos veces, dos, has tenido ocasión para jugarte la vida en una partida, y las dos te la jugaste. /// ¿Quién derribará ese árbol de Asturias, ya sin ramaje, desnudo, seco, clavado con su raíz entrañable /// que corre por toda España crispándonos de coraje? Mirad, obreros del mundo su silueta recortarse /// contra este cielo impasible vertical, inquebrantable, firme sobre roca firme, herida viva su carne. /// Millones de puños gritan su cólera por los aires, millones de corazones golpean contra sus cárceles. /// Prepara tu salto último lívida muerte cobarde prepara tu último salto que Asturias está aguardándote /// sola en mitad de la Tierra, hija de mí misma madre.

La Guerra Civil había resultado tan destructiva que hicieron falta muchos años para que se recuperara aquel país destrozado como consecuencia del golpe fascista del 36 que trajo consigo la incívica guerra española. Tras la guerra, las tierras se habían convertido en tumbas que hacían estériles las semillas del pan, y los senderos del agua se convirtieron en desiertos por donde navegaban tan solo el olor de la pólvora y las lágrimas de tanto entierro. Llegó el hambre, y para que comieran todos, sobre todo los más pobres, los hombres del gran poder inventaron una colección de cupones dentro de una cartilla, a la que se llamó popularmente la cartilla de racionamiento que duro hasta el año 1952, la cual había que exhibir para comprar determinados artículos. El pan era de muy mala calidad. Tenía un color grisáceo y un sabor a tono con su aspecto. Eran aquellos tiempos en que Asturias recibía oleadas de inmigrantes extremeños, andaluces y gallegos a trabajar en las minas o en “las campanas” de Ensidesa. Se veían a la hora en que llegaba el tren con familias enteras que descendían de los vagones trayendo consigo, en “fardelas” y maletas de cartón atadas con cordeles, todo lo que tenían.

Las cuencas mineras se llenaron de emigrantes, en su mayoría procedentes de Extremadura, Galicia y Andalucía. Según cuentan muchos testimonios, algunos carecían de documentación oficial (los sin papeles de entonces), otros habían sido sacados de las cárceles del franquismo como perdedores de la guerra para ser mineros, y otros muchos habían abandonado el campesinado para buscar un trabajo más o menos remunerado y fijo todo el año.

Se puede afirmar sin exponerse a ninguna exageración que una de las constantes del régimen franquista a lo largo de su existencia fue la práctica de la represión política, social y cultural, correspondiéndole a la región asturiana el trágico honor de ocupar el primer escalón en lo que significó la acción más feroz de la España derrotada. Su prestigio revolucionario del movimiento obrero minero, fundamentado en los acontecimientos de octubre del 34, la nítida definición que tomó la guerra incivil como guerra de clases, entre otros, explican el carácter de revanchismo exacerbado con que los” “vencedores” actuaron en las zonas “liberadas”, iniciándose la “caza del rojo” desde el primer momento del triunfo franquista. Si a ello añadimos que la peculiar situación de ocupación militar que soportó Asturias como consecuencia de la presencia en el monte del “Maquis”, la exacerbación de los ánimos que el hecho generaba entre los “vencedores” y el movimiento de partidas guerrilleras y “contrapartidas” fueron la causa en la perduración de las formas represivas más feroces, por medio de las cuales se intentaba no solo controlar el fenómeno del “Maquis”, sino también el apoyo social con que contaba en los valles, la cuestión no necesita mayor explicación.

Los asturianos opuestos al régimen, que no habían “huido” en compañía de sus jefes hacia el exilio mexicano y otros países – cada vez me siento más orgulloso de mi güelu José SAAVEDRA Zapico “José Cantera” -, quedaron expuestos en todo momento a las acciones de las bandas incontroladas, pero perfectamente controladas por la Falange, a caer bajo la jurisdicción del aparato legal sobre el que se fundamentó el mismo estado fascista del franquismo, el cual consideraba muy grave delito la defensa y la práctica de las libertades y derechos democráticos como la huelga o el derecho de asociación fuera de las organizaciones  de la FET y las JONS, además de otros cuya interpretación siempre estaban al arbitrio de sus propios tribunales. A los efectos oportunos, el régimen franquista se apresuró a recoger en el Fuero del Trabajo, en la Declaración XI, que no quedaría impune ninguna perturbación de la producción, recogiendo en la Ley Especial de Represión de la Masonería y el Comunismo, del 1 de marzo de 1.940, y la Ley de Seguridad del Estado, del 29 de marzo de 1.941, que cualquier pena sería justificada si con ello se castiga y penaliza a los promotores de actos huelguísticos, sin olvidar las connotaciones características que suponía para la minería unas penas más extremas, habida cuenta de que dicho sector estaba militarizado. Un bando emitido por el Coronel Jefe de Orden Público en Asturias, José Enrique Ramírez, recordaba a los mineros que “en la zona aún permanecía declarado el Estado de Guerra, que todos los mineros estaban militarizados y por tanto sujetos al Código de la Justicia Militar, que ningún minero podía abandonar su puesto de trabajo sin orden expresa o sin permiso, y que cualquiera de estas faltas se castigaría con el máximo rigor…”

Lógicamente, en este contexto histórico dominado por una implacable represión, los mineros iniciaron un largo calvario, en el cual tuvieron claro que la guerra no había finalizado para ellos. En absoluto resultaba nada fácil reorganizarse en aquellas circunstancias en las que a la violencia represiva del régimen había que añadir la debilidad inicial de unas organizaciones cuyos hombres más valiosos habían fallecido, otros se encontraban en las cárceles sentenciados a largos años de prisión o esperando la ejecución ante un pelotón de fusilamiento, y otros supervivientes que habían “huido” hacia el exilio. 

…por otro lado, las viudas de los mineros tenían el “privilegio” de trabajar en la mina por la mitad del sueldo y echando más horas que sus compañeros varones. No tenían derecho a la paga por silicosis porque trabajaban en el exterior, aunque eran las que más polvo respiraban. Su paraguas para protegerse de la lluvia y el orbayo, que en Asturias es habitual, era un simple saco a modo de capirucho.
Si el trabajo del minero era duro en aquella época, cómo podría ser el de la minera, que además hacía de “entibadora” de toda la vida familiar.

Así, mientras que ELLOS eran “paseados” y abandonados sus cadáveres en las cunetas y tapias de los cementerios, encarcelados o se unían a las “guerrillas del monte” para continuar la lucha contra el fascismo, ELLAS – las mujeres -, permanecían en los pueblos, a cargo de sus familias y sirviendo de enlaces a “los del monte”, siendo juzgadas en Tribunales Militares  en los que se decidía qué mujeres debían de ser vejadas y marcadas por haber contribuido al derrumbe de la “moral católica”, previo el “informe de conducta”, emitido por el comandante de puesto de la Guardia Civil, el alcalde y el jefe local de Falange, quedando extendido el corte de pelo al rape y la ingesta de aceite de ricino para provocarles diarreas y pasearlas por las calles principales de los pueblos  “liberados”, acompañadas por la banda de música, en aquellas prácticas realizadas por las bandas paramilitares de falangistas, requetés, guardia civil y somatenes, con el consentimiento y visto bueno de las autoridades militares, que lo controlaban absolutamente todo. 

Se trataba, ante todo, de exhibir una especie de mujer deformada por la República, en su inmensa mayoría hijas, esposas, madres, hermanas o sobrinas de quienes habían defendido aquel sistema  republicano legítimamente constituido. Era algo más que un abuso sobre las mujeres. Fue fue un ataque furibundo al modelo de mujer libre, moderna e independiente, que no perseguía sino el modelo de aquella mujer nacionalsindicalista como base para una nueva familia cristiana que, junto al sindicato vertical y el municipio, debía constituirse como uno de los principales pilares en la construcción del nuevo estado franquista. Es decir, retroceder a la sociedad patriarcal y a un papel de sumisión que parecía haber quedado superado, a través de la Sección Femenina de la FET y de las JONS, para quien “la vida de toda mujer, tal como se puede recoger de su revista MEDINA, en agosto de 1.944, no es más que un eterno deseo de encontrar  a quien someterse”, hasta el punto de que “cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula ‘de’, seguida del apellido de vuestro marido.”

Con el cambio de década la clase obrera va a conocer la incorporación de un nuevo núcleo que en el futuro se convertiría en el embrión de lo que fueron las COMISIONES OBRERAS en España. Por supuesto, me estoy refiriendo al núcleo constituido por los mineros de La Camocha en el concejo asturiano de Gijón, a donde se van incorporando inmigrantes procedentes, en su mayoría, de las cuencas centrales asturianas, con predominio de la cuenca del Nalón, dándose la circunstancia  de que en el año 1.960, tan sólo un 40 por ciento de la población residente en la parroquia de Vega era originaria de Gijón, correspondiendo el resto a gente de las cuencas y emigrantes de otras zonas de España, de los cuales, muchos de ellos habían pasado por departamentos penales como consecuencia de su actividad política y sindical en la guerra, configurándose La Camocha como una explotación propicia para la organización del movimiento obrero, sobre todo, teniendo en cuenta el cierto aislamiento de la explotación fuera de los núcleos principales de la población, muy distinto a otros enclaves en el Nalón o Caudal.

La Camocha entró así en la leyenda del movimiento obrero y no solo por ser el ‘mito fundacional’, sino por su protagonismo en las luchas de los años cincuenta y porque, junto a otros pozos, fue una de las sólidas fortalezas obreras desde las que se lanzaría en 1962 la gran huelga minera, ‘la huelgona’.

Así llegamos al año 1.956, cuando un desacuerdo con las primas establecidas de producción, produce un creciente malestar que dará lugar a un “bajo rendimiento” protagonizado por los picadores durante varios días. Las condiciones de trabajo de los mineros silicóticos, la recuperación de la madera por parte de los posteadores, la reducción de la jornada en trabajos con agua…, se van sucediendo como causas de una inquietud reinante y ven confluir en torno a estos y otros motivos similares el descontento a trabajadores de muy distintas tendencias, quedando conformada la “primera comisión obrera de mineros” que integran Casimiro BAYON, militante del partido comunista; Francisco “el Quicu“, militante de la JOC; Pedro GALACHE, independiente y Gerardo TENREIRO, falangista y excombatiente de la División Azul. Como precedente de una sucesión de reivindicaciones no satisfechas, se producía finalmente la huelga de NUEVE DIAS sostenida en enero de 1.957, en cuyo transcurso ya interviene aquella “comisión obrera” que tanta fama daría a la Mina de la Camocha. Es decir, en La Camocha se había iniciado la puesta en práctica de la nueva táctica del Partido Comunista de España, abriendo paso en Asturias a una fase de conflictividad laboral que alcanza magnitudes hasta la fecha inusitadas, siendo los mineros del Nalón los que llevan el peso fundamental de los conflictos que se suceden al de La Camocha. El primero de ellos, extendido a partir del Pozo María Luisa que se prolonga por espacio de tres semanas, entre el 9 y el 31 de marzo de 1.957, afectando a varios miles de trabajadores en varias explotaciones, y produciéndose el encierro de los mineros en el interior del Pozo María Luisa a partir del día 26 de marzo, el cual sería secundado por otras explotaciones como el Pozo Fondón y San Luis de La Nueva, dando lugar a una de las más espeluznantes anécdotas, cuando el gobernador Civil de Asturias, Labadie Otermin, le comunicaba al ministro Camilo ALONSO VEGA el hecho de los mineros encerrados en los pozos y este energúmeno fascista le contestó: ¡¡¡Pues, que tabiquen los pozos!!!

Al año siguiente, nuevamente María Luisa y el Pozo Fondón, desencadenarían un conflicto de mayor envergadura, al que se incorporan mineros del Caudal, Gijón e incluso algunas explotaciones de la cuenca minera leonesa de VILLABLINO, donde el Partido Comunista tenía cierta implantación.

Asturias y sus mineros ocupaban en la primavera de 1962 las páginas de algunos de los periódicos más importantes del mundo, de París a Sidney y de Londres a Washington. Pocos estudiosos dejan de subrayar hoy, medio siglo después, que las luchas de aquel año marcaron un antes y un después en la evolución de una dictadura que negaba las más elementales libertades políticas y sindicales, donde los mineros del carbón lideraron unas movilizaciones sin las cuales resulta imposible explicar hoy la larga marcha del antifranquismo. «Allí va a comenzar», afirma Jorge M. Reverte en su muy leído «La furia y el silencio», libro que dedica a recordar aquellos acontecimientos, «una huelga que cambiará la conciencia de un país humillado y moralmente miserable».

“Parece mentira, con la limpieza de comunistas que hemos hecho y todavía queda la raíz”, decía un asombrado coronel fascista que presidía el juicio militar a uno de los mineros que había participado en la huelga de 1.962, refiriéndose, claro está, a esa raíz, imposible de extirpar, esa cristalización de décadas de lucha obrera – aunque la única estructura orgánica existente era la del Partido Comunista, para los fascistas todos los opositores al régimen eran comunistas – la que se manifestó en las cuencas mineras asturianas, constituyendo el punto de partida para la reorganización del movimiento obrero en la dictadura franquista, con la explosión de la huelga minera de 1962 que, con una duración de varios meses, sirvió para cambiar el curso de la dictadura, como señal para la reorganización del Movimiento Obrero en España, y el principio del fin de la dictadura fascista, pasando a formar parte de la Memoria Histórica como patrimonio de la clase obrera y el pueblo español.

La crisis del sector minero, la falta de comunicación en el marco sindical, el rechazo obrero a unos planes laborales promocionados por la patronal al margen de los trabajadores, y la contención salarial de la política estabilizadora de 1.959, además de la tensión acumulada por las huelgas de 1.957 y 1.958, anunciaban un escenario extremadamente conflictivo para la década de los sesenta, de tal manera que el 7 de abril saltaba la chispa de la Huelga Minera del 62, con el despido arbitrario de siete picadores del Pozo Nicolasa de Fábrica Mieres, expandiéndose muy rápidamente por todas las explotaciones mineras de Asturias hasta su normalización, allá por el mes de setiembre, dejando un cierto regusto de victoria en unos y la sensación de continuar la lucha en otros por conseguir la liberación de los más de cuatrocientos compañeros mineros privados de libertad, en su mayoría militantes comunistas. En efecto, ni siquiera habían transcurrido tres meses desde la finalización de la Huelga Minera del 62 cuando en noviembre del mismo año quedaban constituida la “Oposición Sindical” para el “desarrollo de la lucha por las reivindicaciones obreras de carácter económico y la democratización de los sindicatos franquistas”, siendo sus órganos de proselitismo y encuadramiento de trabajadores y a la vez, de la acción política las Comisiones Obreras, cuyo programa preveía tres etapas para su desarrollo: En la primera, serían organizadas huelgas en las empresas con acentuado signo reivindicativo económico, en las que además de prescindir de la intervención de la Organización Sindical, se acentuaría cuanto fuera posible para desprestigiar a todas las representaciones sindicales, desde los Enlaces y Vocales de Jurados de Empresa, hasta las Juntas provinciales y supremos Mandos Nacionales.

«La huelgona» del 62, que supuso el resurgimiento del movimiento obrero en España y reveló, por primera vez, la vulnerabilidad del régimen de Franco, tuvo su escenario inicial en el pozo Nicolasa.  Fue un gran estallido obrero que resquebrajó los cimientos de la dictadura y que tuvo una onda expansiva de carácter internacional. Nicolasa fue la mecha, y ahora también la piedra que recordará el conflicto medio siglo después.

La segunda etapa, estaría constituida por la organización de concentraciones y manifestaciones de obreros en la calle para plantear las reivindicaciones laborales, pero procurando presentar algunas peticiones generales atrayentes para la clase trabajadora, tales como la modificación del salario mínimo y pensiones de la seguridad social. Esta etapa sería fundamental para ir constituyendo en las fábricas y talleres agrupaciones de obreros, que se distinguirían con el nombre de “Comisiones Obreras”.

La tercera etapa culminaría con la aparición en la calle de las “Comisiones Obreras”, la presentación por ellas a los distintos Organos de la Administración Pública, escritos con peticiones generales y protestas contra la Organización Sindical y las manifestaciones masivas de trabajadores, procurando asimismo ir estableciendo relaciones con organizaciones estudiantiles, grupos de descontentos y organizaciones sindicales extranjeras, opuestas al régimen de Franco.

Celebración del décimo aniversario del Club Amigos del Nalón en el año 1970, del que me cabe el gran honor de haber sido su vicepresidente desde sus inicios del año 1969. En la foto se pueden apreciar personas como Fernández Inguanzo “El Paisano”, Arenas Machuca, Ordiales “El Peque”, Saturnino Márquez, Alberdi “Filichu”, Gerardo Iglesias, Nevado y tantas otras…

Con los resultados alcanzados por las listas presentadas por la “Oposición sindical” a las elecciones sindicales de 1.966, el Partido Comunista de España consideró que con el gran triunfo del nuevo movimiento obrero se habían logrado las metas que habían propagado en el año 1.962 para la organización de las Comisiones Obreras y su consolidación en muchísimos centros de trabajo, pero especialmente en la calle, lo que demandaba un nuevo plan de acción, de acuerdo con las nuevas circunstancias de la vida nacional y con validez para alcanzar el definitivo derrocamiento del Sindicato Vertical y del Régimen franquista, elaborado en la reunión de su Comité Central del mes de setiembre de 1.966: “… Los comunistas, que hemos apoyado consecuentemente a las Comisiones Obreras, estimamos que esta experiencia en lugar de cristalizar pugnas y divisiones, debe servir para que todos los que se sienten parte de la clase obrera, superen los obstáculos habidos hasta aquí, se unan sin resentimientos y coordinen su actividad a fin de dar al nuevo movimiento una fortaleza, un peso y un mordiente todavía mayor. Comunistas, socialistas, católicos, cenetistas, falangistas de izquierda y tradicionalistas , donde los hay, todos los trabajadores deben unirse para luchar por sus comunes intereses de clase (…) Los elegidos lo han sido para luchar, para encabezar las próximas acciones de combate de las masas trabajadoras (…) Constituye para nosotros, los comunistas, un motivo de satisfacción el hecho de que nuestra orientación sobre las Comisiones Obreras haya sido aceptada (…) La práctica ha demostrado que era una línea justa que ha llevado a nuestro Partido a obtener una gran victoria contra el franquismo y entre la clase obrera (…) Lo que era una aventura era aferrarse a los viejos moldes, pues hay que tener en cuenta que la masa obrera de hoy no ha conocido ni la U.G.T. ni a la C.N.T. y había que ir a la unidad total”.

En este contexto de la lucha minera sería injusto no reconocer la fundamental labor realizada por la conocida “Radio Pirenaica”, especialmente en aquellos años en donde no existía internet  ni otros medios de comunicación, y, siendo muy cierto que ésta era una emisora comunista que, sin ocultar en ningún momento sus señas de identidad, siempre estuvo ligada en su trayectoria a la historia del Partido Comunista de España, a su línea política, a su evolución interna y a su concepción de las tareas propagandísticas, no es menos cierto que, mientras otros procedían a repartirse los tesoros robados al pueblo español a base de golpes y acusaciones entre sí, dejando “tirados” en el exilio a los verdaderos luchadores republicanos, “La Pirenaica” quedó convertida en la verdadera voz del antifranquismo. Aquella emisora sirvió, entre otras cuestiones, para decirles a quienes combatían en el interior que no estaban solos en la lucha que mantenían “cara a cara” contra la dictadura franquista, y para explicarles a quienes no combatían que había gente que sí lo hacía, recordándoles en todo momento que hubo un pueblo llamado España que había sido libre, siendo necesario integrarse en la lucha para arrancar aquella libertad que habían secuestrado los fascistas.

Lógicamente, aquellos “cacharros de madera” causaban bastante dolor de cabeza al dictador Franco, hasta el punto de que ordenó la instalación de interferencias controladas por Carrero Blanco con el objeto de dificultar y evitar que la señal no llegase a nuestros receptores, contraatacando con emisiones volantes desde Bulgaria o Hungría, elevando la potencia o cambiando las frecuencias, pero a pesar de la ayuda económica y tecnológica procedente de los EE.UU. para que no pudiéramos escuchar “La Pirenaica” – en las huelgas mineras del 62 en Asturias ya conectaba yo con la emisora, organizándome pocos años después en la “Juventud Norteña” y “Amigos del Nalón”, auténticas tapaderas del Partido Comunista, aunque nunca llegué a militar en el mismo, ya que mis preferencias estaban en el PSOE y U.G.T. -, a pesar de los pitidos, zumbidos y ruidos de fondo, enseguida localizábamos la conexión tras aquella melodía de “Suspiros de España” y su saludo diario a los oyentes, que ha quedado grabado en la mente de miles y miles de españoles: ”Aquí Radio España Independiente…”

Escuchar esta radio era un acto de desobediencia al gobierno del general Franco y estaba prohibido hacerlo, siendo castigada su sintonización con penas de años de prisión, pero las noticias de “La Pirenaica” eran tan buenas y no estaban censuradas que hasta los partidarios del régimen franquista se apiñaban alrededor del altavoz de los receptores de sus aparatos de radio para conocer las verdaderas noticias de las situación de España.
“La Pirenaica había que escucharla por las noches con el receptor bajo mínimos porque en la España de Franco, lo más que abundaban eran los confidentes, chivatos, soplones y si alguien denunciaba a un vecino por escuchar “La Pirenaica” a la Policía Armada o Guardia Civil, la cosa podía terminar en una seria condena.

Aquella emisora clandestina, en realidad fue una de las pocas ventanas por las que los españoles podían asomarse al exterior durante la criminal dictadura franquista pero, sobre todo, fue la vía que nos permitió a muchos de nosotros enterarnos de todo aquello que al régimen no le interesaba que supiéramos, como las huelgas de los mineros en Asturias; las gestas de “los del monte”; el proceso de Julián Grimau; los movimientos que iban surgiendo en la Universidad; el mensaje de Menéndez Pidal con el documento firmado por 1.161 intelectuales, estudiantes y obreros, exigiendo libertad de asociación, libertad sindical, derecho de huelga, libertad de información y expresión; la revolución cubana; el proceso 1.001 de las Comisiones Obreras; las bombas atómicas de Palomares; el proceso de Burgos; las corrupciones urbanísticas y de todo tipo en el régimen… Es decir, todo aquello que Radio Nacional y el NO-DO silenciaban o, lo que era mucho peor, manipulaban y tergiversaban, hasta querer hacernos creer que “Jesucristo había muerto electrocutado en una de las redes de alta tensión de FENOSA”.

Ssssh…, ahora va a hablar ella, decía mi padre a la hora de sintonizar el aparato de radio, con el volumen muy bajo y poniendo el dedo índice delante de sus labios:” Aquí Radio España Independiente, estación pirenaica, la única emisora española sin censura de Franco… trasmitiendo por campos de onda de …” En efecto, se trataba de una emisora creada por el Partido Comunista de España en el marco de la creación de emisoras de radio por parte de diversos partidos comunistas de Europa durante la Segunda Guerra Mundial como un elemento más de la lucha por sus propósitos, la cual comenzaría a emitir desde Moscú el 22 de julio de 1.941 – la emisora, en contra de lo que tantas veces se ha dicho, nunca trasmitió desde los Pirineos ni desde Praga -, aunque para eliminar la sensación de lejanía que podía significar para los oyentes españoles fue utilizado el apelativo de “estación pirenaica”.

 

 

 

Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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