DIARIO DE UN CONFINAMIENTO: 20 de junio

20 de junio

Entramos en el penúltimo día del confinamiento por el estado de alarma decretado por el gobierno, es decir, el 98 día, y después de escuchar la repetitiva homilía sabatina, el presidente nos ha vuelto a recordar que, “gracias al estado de alarma hemos podido limitar movimientos y evitar nuevos contagios. Gracias al estado de alarma hemos podido salvar miles de vidas en el conjunto del país”, en torno a 450.000 ha asegurado. “La prioridad absoluta hace 99 días era frenar la propagación del virus, frenar la curva de contagio, evitar, en definitiva, el colapso de nuestros hospitales. En resumen, el propósito común que teníamos todos era salvar vidas. Por ello, el 14 de marzo anuncié la activación del estado de alarma y nuestro país se paró en seco. Recuerdo las palabras que utilicé como nuestra columna vertebral para vencer al virus: sacrificio, resistencia y moral de victoria”, ha aseverado el mandatario.

Según el presidente, “de la pandemia también ha surgido una nueva Unión Europea (UE). De la crisis de 2008 tenemos que recuperar las lecciones que aprendimos”, ha señalado Sánchez, para quien “esta vez Europa debe salvar a Europa. Y no como se hizo antes. Y a mí no me cabe duda de que lo hará. Y de este modo también el espíritu europeo, no me cabe duda, recibirá un nuevo impulso”.

“La unidad puede y debe salvar empresas, puede y debe salvar empleos. No tengamos miedo alguno a la hora de avanzar unidos. Esta será mi última comparecencia y quiero acabarla dándoles las gracias por su atención. Y, sobre todo, gracias a todos los ciudadanos por haber hecho frente al sufrimiento de manera ejemplar. Gracias a toda la ciudadanía. Hemos logrado una España que además de proteger, avanza unida”.

Pedro Sánchez en el Palacio de La Moncloa, el 20 de junio de 2020.

En esto de la política y de la crisis económica seguimos exactamente igual que donde estábamos a pesar de que el tiempo pasa inútilmente y a gran velocidad. Mientras que en el ámbito sanitario el presidente Sánchez nos acaba de dar a los españoles el alta y el permiso para circular, con prudencia, y en plena normalidad. No obstante, una cuestión debe de quedar muy clara, y es que, después de estos tres meses de estado de alarma, cualquier cosa parecía posible menos pretender salir triunfante con lo ocurrido, porque, entre otras cuestiones, un confinamiento es la antítesis de la heroicidad, el último recurso de quien antes falló estrepitosamente en la prevención, detección y aislamiento selectivo de los focos de una pandemia y, desbordado por los acontecimientos, se ve obligado a esconderse hasta que todo pase. Eso es lo que ha venido haciendo el presidente del gobierno español.

Desde mi punto de vista, una de las formas más peligrosas de la libertad, sino la que más, es la que está basada en la impunidad, en no ser responsable de lo que se hace o se dice. Y a ello me voy a referir hoy en mi diario, dedicado a un jenízaro podemita que me invitó ayer a través del Facebook a que, si tenía tantos documentos como decía, entonces, ¿por qué no llevaba al gobierno a los tribunales?, teniéndole que contestar, después de escuchar tal estupidez que, ¿por qué no me llevaba él para dirimir allí lo expuesto y documentado en mis diarios?

Sin embargo, en absoluto me voy a referir al discurso que nos ha leído por teleprónter el presidente del gobierno, por no aportar nada nuevo en su aburrida perorata de siempre, sino sobre el recientemente condecorado con el premio Emilio Castelar 2020, el director del CCAES, Fernando Simón, “por su compromiso en defensa de la sanidad y la salud pública, así como su responsabilidad en la lucha contra la covid-19”, y lo voy a hacer desde una realidad perfectamente verificable mediante el seguimiento puntual de las reacciones que su trabajo ha venido provocando.

Quiero dejar sentado de antemano que no conozco a Fernando Simón, ni tengo yo los conocimientos suficientes para juzgar su labor como médico epidemiólogo. Me consta que es un licenciado en medicina y que realizó trabajos de voluntariado en países del tercer mundo, como el hospital Ntita de Burundi. También me consta que fue el portavoz con el gobierno del PP durante la crisis del ébola en el año 2014, período de emergencia sanitaria en el cual se sacrificó a Excálibur, el perro de la única infectada en España por el virus, manteniendo el mismo status con el gobierno del PSOE.

“Tras asegurar durante meses que las mascarillas no servían para nada, Simón acabó reconociendo que había mentido, porque escaseaban en los mercados. Nadie parece preguntarse cuántos miles de vidas se podrían haber salvado utilizando esta protección masivamente desde el comienzo de la pandemia”

Asimismo, no diré que nos haya estado mintiendo, pero sí que se ha venido contradiciendo en casi todo lo que habla, equivocándose muy gravemente al minimizar esta terrible pandemia que ha llevado a nuestro país a ocupar los primeros lugares del mundo que, al día de hoy, 20 de junio, según las cifras oficiales del ministerio de Sanidad lleva 28.322 muertos y 245.938 infectados.

Fernando Simón ascendió a director del CCAES bajo el gobierno del PP y fue su cara visible durante la crisis del ébola, pero Simón ha evolucionado a icono pop de la llamada izquierda española. Es verdad que España tiene grandes doctores e investigadores de reconocido prestigio mundial, pero no es menos cierto que han sido rechazados o no aceptaron ese puesto político, precisamente, por no ser políticos. Creo sinceramente que Fernando Simón no era ni mucho menos la persona adecuada para ocupar ese cargo, entre otras cuestiones, porque se equivocó desde los primeros momentos, ignorando lo que se avecinaba. No, no es cuestión de atacarle o no atacarle, sino de reconocer la cruda realidad, y estoy convencido de que nadie, objetivamente hablando, con los datos y los hechos ocurridos encima de la mesa, pueda afirmar que acertó con sus políticas. Otra cosa es que, políticamente, le hayan obligado a decir lo que dijo porque conociendo al personal que nos gobierna, nada me extrañaría.

Fernando Simón estuvo en Burundi entre 1993 y 1998 como voluntario de Médicos Mundi, y además de afrontar esta situación, tuvo que hacerlo en un país con unas condiciones de pobreza extrema y unas condiciones sanitarias muy deficientes. Desde 2014 es director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. En este mismo año se encargó de explicar en España la evolución del problema sanitario generado a raíz de la crisis del ébola. ​

Uno de esos eminentes doctores es el epidemiólogo catalán, Oriol Mitjá, cuando llegó a afirmar el 16 de marzo de 2020 que “el comité de emergencia español debería dimitir. El país está en la UCI y el médico que lo ha tratado ha cometido demasiados errores. Mejor cambiar de médico mientras todavía estamos a tiempo”, ha pedido el epidemiólogo catalán. En un hilo articulado a partir de este primer mensaje, Mitjà ha asegurado que la negligencia se ha manifestado con la “reiterada falta de anticipación y la incapacidad de predecir una epidemia que era evitable” y asegura que ha creado “una crisis de salud pública sin precedentes.”  Si alguien no sabe quien es el doctor Mitjá, les recomiendo que se enteren por internet, lo mismo que hicieron para conocer al médico Simón.

Resulta más que evidente que la estrategia con que la derecha española está tratando de capitalizar los resultados de la gestión gubernamental de la pandemia – ignorando su propia responsabilidad criminal en regiones como Madrid, por ejemplo – ha dado lugar a una doble reacción irracional, que se manifiesta en sentidos contrarios.

Por un lado, los votantes de PP  y sus extremos derechos y centristas, guiados por un odio ciego hacia quienes identifican absurdamente como “los rojos”, siguen estando dispuestos a “vender la moto” de que el coronavirus fue creado en su chalet de Galapagar por el mismísimo Pablo Iglesias, en connivencia con el Trump. Al mismo tiempo, los sectores sociales que no simpatizan con estas derechas tradicionales han reaccionado ante su agresiva campaña asumiendo acríticamente la propaganda institucional, que sostiene que el Ejecutivo central y, en su nombre, el médico Simón, habrían desarrollado una gestión casi ejemplar. O que, por lo menos, “nadie habría podido hacerlo mejor”.

Creo que existe una razón para explicar este “éxito” en los corazones de la llamada izquierda gubernamental: haber sido precisamente uno de los principales objetos de los ataques de la derecha durante las fases de mayor crispación de la pandemia, cuando el PP y sus extremos lo juzgaron mal, porque lo vieron como un eslabón débil y jugaron la carta de que podían forzar fácilmente su dimisión para causar una pequeña grieta en el gobierno, aunque sin prever  que esa resistencia de “outsider” quedó convertido en una carcasa que le ha permitido aguantar en su puesto con tranquilidad, de tal manera que aquello que  parecía un hándicap se convirtió en fortaleza.

Pero, no nos engañemos. Si en vez de estar copada por los vociferantes energúmenos del PP, con sus extremas (VOX) y su centro (C’s), la arena política contara con una izquierda real, SOCIALISTA, con capacidad para hacer llegar a la población un análisis sobre esta gestión ajustado a las evidencias constatables, sería impensable que estos relatos interesados, de las dos facciones que se disputan el control de las instituciones del Estado, pudieran prosperar. Digamos las cosas como son, sin hacernos trampas en el solitario: la izquierda en España está destrozada, casi liquidada, por sus excesivas ansias de poder. Las próximas elecciones en Galicia y el País Vasco serán un buen barómetro para comprobar esta afirmación realizada, por mucho que el ministro de Sanidad, el filósofo Salvador Illa, se haya convertido en el fichaje estrella del PSOE para participar en las inmediatas campañas electorales de Galicia y País Vasco. Salvador Illa será, sin duda, la gran novedad del 12-J para el PSOE, aunque aún no se han cerrado lugares y fechas, pero el ministro de Sanidad, nuevo peso pesado en las filas del partido, sí se desplazará a Euskadi y Galicia durante la campaña que arranca el próximo jueves a medianoche.

“Visto lo visto, todos llegamos tarde a esto” (Salvador Illa, el 7 de junio de 2020). Si Sancho Roff pasó a la historia sanitaria por la crisis de la colza, Celia Villalobos por la de las «vacas locas» y Ana Mato por la del ébola, Salvador Illa va a hacerlo por ser el ministro bajo cuyo mando se produjeron más de 28.000 muertes en España.

Como explican desde Ferraz, las campañas “son termómetros de la popularidad interna” de los dirigentes, y Salvador Illa, como convienen fuentes de la dirección, ha ganado muchos puntos en el seno del PSOE. “Es una muestra de cariño, de premio a su gestión, y también un gesto de solidaridad por todo lo que ha tenido que afrontar en esta crisis”, indican en la cúpula del partido. “Ha gestionado muy bien, es un tío solvente, una persona calmada, se le entiende muy bien”.

Así, de esa manera, desde los primeros momentos el gobierno de España comenzó ignorando la experiencia de lo sucedido en China, Irán o Italia, así como las reiteradas advertencias de muchos especialistas en la materia, quienes no dudaron en denunciar tempranamente que “la epidemia del coronavirus se podría haber evitado” si las autoridades políticas y sanitarias hubieran actuado con la requerida prevención.

Durante el mes de enero, Fernando Simón aseguraba alegremente, en sus comparecencias públicas, que “España tendría, como mucho, algún caso aislado de coronavirus”. Y, aún el 23 de febrero afirmaba que “no había virus en el país, ni se estaba transmitiendo la enfermedad ni teníamos ningún caso”.

En estas mismas fechas, además, Simón comparaba el Sars COV-2 con la gripe común y se atrevía a manifestar, en el programa El Objetivo de La Sexta, que “le sorprendía el exceso de preocupación” que estaba generando.

Hoy se puede acceder a los documentos oficiales del Ministerio de Sanidad, y del propio Centro de Coordinación de Alertas, fechados el 10 de febrero, en los que se refleja que el médico Simón y el resto de autoridades sanitarias españolas conocían que el nuevo coronavirus tenía al menos el doble de capacidad que la gripe para contagiarse y una letalidad muy superior.

La cruda realidad fue que el Gobierno español retrasó durante semanas la adopción de medidas para la contención del coronavirus, al anteponer consideraciones económicas a la prevención de los ciudadanos y ciudadanas que recomendaba el conocimiento científico; “confiando”, simplemente, en que el virus “pasaría de largo”, y este retraso, pónganse como se quieran poner desde todos los estamentos gubernamentales, fue el factor decisivo que posibilitó la propagación exponencial de la pandemia que seguimos viviendo en España, aunque sin saber todavía el número real de víctimas e infectados.

Desde esa perspectiva, hagamos, pues, un somero repaso de los hechos que se han venido sucediendo en los últimos tres meses y del trabajo dirigido por el médico Fernando Simón. La diferencia entre supeditar la salud pública a los intereses privados o hacer lo contrario se refleja también en los resultados de países con sobrados recursos, como España o Italia, que han sufrido decenas de miles de muertos, mientras otros más pobres e incluso bloqueados económicamente, como Venezuela o Cuba, han tenido tan solo 28 y 80 fallecidos, respectivamente, permitiéndose el lujo de enviar cientos de médicos en solidaridad con otros países, caso concreto del pueblo cubano en Italia o Andorra.

Con la lógica dominante de no “asustar a los mercados” determinando las decisiones políticas en el Estado español, no solo se permitieron las manifestaciones del 8M – convertidas cínicamente en caballo de batalla por la extrema derecha – sino también todo tipo de eventos políticos, comerciales y deportivos, como los 2.500 seguidores del Valencia en su partido en la localidad italiana de Milán, o los más de 3.000 aficionados que acompañaron al Atlético de Madrid en su partido de champions league contra el Liverpool en el Reino Unido.

Pero la gestión del Gobierno frente a la crisis del coronavirus, dirigida por Fernando Simón, cuenta también con otros gravísimos episodios que hubieran sido perfectamente evitables, incluso para un Ejecutivo que se debe, por encima de todo, a los intereses del gran capital. Este es el caso de las indicaciones ofrecidas a la población por Simón en torno a la utilización de las mascarillas.

Desde la llegada del coronavirus al Estado español el director del CCAES no dejó de reiterar que “llevar mascarillas no servía para evitar los contagios”, que “eran totalmente inútiles e incluso que podían llegar a ser contraproducentes”, porque “provocaban una falsa sensación de seguridad o podían utilizarse incorrectamente”. Afirmación que solo podría escandalizar a los médicos especialistas chinos y coreanos que, desde el comienzo de la pandemia, advirtieron que esta prenda constituía una barrera física indispensable para frenar la expansión de la enfermedad. Pese a todo, el médico Simón continuó transmitiendo esta información falsa hasta el viernes 3 de abril, cuando dio un giro injustificado a su discurso, anunciando que en adelante “habría que acostumbrarse a usar equipos de protección personal en la medida en que estén disponibles en grandes cantidades”.

Fernando Simón, director del CCAES, se ha convertido en el protagonista de la pandemia en nuestro país después de presentar de forma diaria los datos relativos a los contagios y fallecidos por coronavirus. Por este motivo, determinados colectivos de ciudadanos han llegado a realizar camisetas o bolsas de playa con su cara. No obstante ser el encargado de presentar las cifras de muertos e infectados, al día de hoy todavía nadie exactamente el número real de ellos.

Así y todo, hubo que esperar todavía otro mes y medio, hasta el jueves 21 de mayo, para que el Ejecutivo español se decidiera, por fin, a decretar la obligatoriedad del uso de las mascarillas. Un día antes, Simón reconocía, finalmente, que sus afirmaciones sobre la supuesta inutilidad de utilizar las mascarillas se debieron a la “escasez de este producto que había en el mercado” que, dicho en román paladino, mintió a más de 47 millones de personas porque era muy difícil, cuando no imposible, encontrar mascarillas en las farmacias y el gobierno era incapaz de proporcionárselas incluso a los sanitarios que estaban en primera línea de combate contra el virus.

Una excusa en cualquier caso inaceptable, ya que incluso las mascarillas de fabricación casera cumplen perfectamente una función de protección, si son utilizadas masivamente, pero, sin embargo, pese a la extrema gravedad del reconocimiento tardío que realizó el médico Fernando Simón, éste no provocó ningún tipo de conmoción en el país. Nadie tuvo a bien preguntarse cuántos miles de vidas se podrían haber salvado si, en lugar de mentir sobre una cuestión tan esencial, hubiera orientado adecuadamente a la población desde el primer momento.

Pero el grave asunto de las mascarillas, no ha sido el último episodio bochornoso protagonizado por Fernando Simón, cuando este mismo miércoles, 17 de junio, el experto Simón se descolgaba en su comparecencia diaria con el anuncio de que “el ministerio de Sanidad no es muy proclive a hacer test masivos a los turistas en los aeropuertos”, tal y como habían solicitado comunidades como la canaria.

De esta forma, de un plumazo, el gobierno dejaba meridianamente claro que todas las promesas sobre los test con los que – decían – se iba a “garantizar una actividad turística totalmente segura”, quedarán en el olvido. La decisión sobre los test, obviamente, tiene también su motivación en un cálculo económico, como dejó entrever el propio Simón, al declarar: “Pónganse en situación de valorar un avión con 300-400 viajeros a los que se propone hacer una PCR… Todo esto requiere, además de criterios sanitarios, todos los aspectos logísticos y económicos y valorar si realmente va a aportar algo de interés”.

Ascendió a director del CCAES bajo el gobierno del PP y fue su cara visible durante la crisis del ébola, pero Simón ha evolucionado a icono pop del gobierno de coalición PSOE-UNIDAS PODEMOS.

Pese a todo, el portavoz gubernamental de nuestra Salud se atrevió a intentar justificar la decisión económica, con un remiendo similar al que utilizó en su día para mentir sobre la utilidad de las mascarillas: “Un test con resultado negativo no implica que la persona no esté infectada, sino que en ese momento no se le ha detectado el virus, por lo que puede dar “falsa seguridad”, afirmó sin ningún recato Simón, como si alguien pudiese creer que la efectividad del 0%, lograda sin hacer ningún test, podría ser más segura que la alcanzada monitoreando a todos los turistas con el único medio que permite detectar con fiabilidad la presencia del virus.

Obligatoriamente, nos tenemos que preguntar aquellos que hayan comprado la moto averiada que presenta como ejemplar el trabajo desarrollado por Fernando Simón: ¿cómo es posible que un epidemiólogo con larga experiencia haya podido protagonizar una gestión tan desastrosa? Desde mi punto de vista, carece totalmente de sentido, pues, la prolija descripción del currículum del médico que suelen hacer sus defensores en las redes sociales, apelando ingenuamente a sus múltiples titulaciones o su amplia trayectoria profesional, mientras exhiben camisetas confeccionadas con su rostro, tal y como se si tratase del Che Guevara.

Por ello, me sorprende que, cuando Podemos propone condecorar a Simón, como “símbolo universal de la lucha contra el coronavirus” está haciendo mucho más que reconocer la labor de un profesional que, para ser honestos, podría ser objeto de responsabilidades civiles y penales. ¿Acaso está tratando Unidas Podemos de dar validez a la catastrófica gestión de la crisis del gobierno en el que participa, premiando a quien, en definitiva, no ha sido más que el hombre encargado de proporcionar un barniz de cientificidad a decisiones políticas que jamás se han atrevido a cuestionar los dictados de la oligarquía financiera? A veces, hablar de política no es hacer política, compañeros de Unidas Podemos. ¿Cómo puede ser posible hablar de una excelente gestión del coronavirus cuando España ocupa el primer lugar por porcentaje de muertos en el mundo, según las cifras facilitadas por el gobierno, a pesar que al día de hoy aún no se sabe el número real de muertos e infectados que superan en mucho a las cifras oficiales? No hay nadie en España, incluidos los miembros del Gobierno, que pueda asegurar que los datos de Sanidad son los fallecidos reales y únicos por la pandemia. Se trata de vidas con nombres y apellidos, no datos. Ahí lo dejo.

Buenas noches y hasta mañana. Salud y República.

Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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Una respuesta a DIARIO DE UN CONFINAMIENTO: 20 de junio

  1. Koldobika Gómez Antolín dijo:

    Buen día y que no te toquen la moral ni el de “podemos pero no vemos”…Hay mucho “asno” con mascarillas en el cerebro…Lo que deseo es que los Tribunales hagan uso de su obligación para defendernos de los abusos y FALSEDADES de esos “parlamentarios” y de los provocadores de Vox que han venido a Bilbao bien protegidos por la “policía vasca” bien vestidita de Ertzaintzas…Si le llamamos Ertzainas hay que notar la diferencia porque significa “cuidador” o “pastor” entre otras traducciones…
    Eso es lo que deberían hacer CUIDARNOS….pero como tú has comentado hace años, son los descendientes de los TRAIDORES que colaboraron con Mola y su ejército GOLPISTA…Les hacen buen trabajo y demuestran qué clase de “demócratas” son permitiendo a los que deberían ser ILEGALIZADOS, detenidos de inmediato por alterar la convivencia en un barrio donde se trafica con drogas y tienen a los vecinos ACOJONADOS…porque es un gueto protegido por OXFAN y los katxorros abertzales con carteles de “bienvenidos refugiados” apoyados también por las actuales CC.OO…que no se parecen EN NADA a las de su origen enfrentadas al fascismo en toda España…con la diferencia de que sólo son “Vascos” los que acreditan pedigri…y olvidan el Artículo 1 del Estatuto de Gernika que la República Española autorizó…No me voy a meter con los “científicos” oficiales porque son FALSOS y MIENTEN sin que Pablo Iglesias y sus compinches les obliguen a pedir asilo en Colombia o Venezuela aprovechando las amistades históricas que tienen allí desde que llegaron en barcos de la Corona de Castilla o en modernos aviones…como la familia del difunto Txiki Benegas o el hispano colombiano F. González o a Argentina que acogió al viejo Madariaga de la película Los cuatro ginetes del Apocalipsis…
    Harto me tienen los de Podemos…cómplices de sus mentiras y falsos defensores de la Ética la Estética y la Dignidad…comprobando mi idea desde el 15 M que es un BLUF…y un engaño…
    Al menos los de Vox y su madre :el PP…sabemos la clase de fascismo que defienden…y van “a cara descubierta” o con unas mascarillas que NO SIRVEN para defendernos de ningún virus…y que pueden provocar otros problemas y VERGÜENZA cuando veo cómo se contagia a los niños de IGNORANCIA en sus padres, abuelos y…con el beneplácito de la iglesia descendiente del obispo GOMÁ…o el falangista subido a Cardenal Primado MARCELO GONZÁLEZ que deberían investigar sus andanzas por los Montes de Torozos los que se ocupan de la Memoria Histórica a los que el PSOE-PP-PODEMOS les niega la ayuda y financiación necesaria…y que cuestionan el trabajo del Vasco Paco Etxebarria que es una GLORIA de CIENTÍFICO y Juez Forense…
    Hasta mañana…y “no llores por mi Argentina…mi alma está contigo…desde que acogió a mis tíos y allí nacieron mis primos…Sus padres se fueron porque a los abuelos les desterrar on Fuenterrabia…que era lo más lejos de Palencia que les pudieron enviar y que los guipuzcoanos dieron sepultura…

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