ELLOS ERAN MINEROS

García Granda, Cristino (1914-1946). Minero y guerrillero antifranquista perteneciente al maquis, natural del pueblo gozoniego de Ferrero. Tras la derrota de la República pasó a Francia donde combatió contra las tropas de Hitler, y acabada la Segunda Guerra Mundial regresó a España para formar parte de la resistencia ante la dictadura. En Francia fue considerado un héroe nacional, hasta el punto de que en la actualidad un distrito de París lleva su nombre, y fue condecorado con las más altas distinciones francesas. Por ello, cuando el 21 de febrero de 1946 fue ejecutado por el régimen franquista, acusado de malhechor y delincuente, París estalló en manifestaciones antifranquistas que obligaron al gobierno francés a cerrar la frontera con España. “Juro por mi honor de guerrillero patriota, realizar todos los esfuerzos y sacrificios que exija la lucha para reconquistar España, mi patria, independiente y libre. Juro defender hasta la muerte a la Junta Suprema de Unión Nacional, entidad a la que yo reconozco como único Gobierno, guía de nuestro pueblo. Juro acatar la disciplina y cumplir fielmente las órdenes de mis jefes dentro del Ejército Guerrillero, brazo armado de la Unión Nacional (del Código de Disciplina del Guerrillero).”

¡No, no eran bandoleros! Eran soldados republicanos que habían defendido la legitimidad constitucional de la II República, a los cuales se les había etiquetado como bandoleros, forajidos, malhechores y atracadores, cuando no de vulgares criminales y asesinos, con el objetivo de pretender vaciar de contenido político sus acciones, tratando en todo momento de buscar una similitud entre el bandolerismo común y social con la lucha del maquis y abortar, de esa manera, la verdadera identificación republicana por la que los resistentes luchaban, de acuerdo con su propio Juramento de Guerrillero.

Con esta definición no pretendo sino recoger el sentir de aquellos soldados republicanos, muy consciente de que la historia siempre la escriben los vencedores a la vez que presagiaban el estado amnésico y pusilánime de las futuras generaciones: nosotros. Efectivamente, los vencedores escribieron la historia a su antojo, exentos de cualquier rigor y honestidad, dejando un legado de mentiras y atropellos lo suficientemente maduro como para permitir la profanación de los vencidos, no sólo por parte de los vencedores, sino también por parte de los que no vencieron, pero tampoco fueron vencidos: aquellos que con el paso del tiempo se fueron arrimando al poder que ayer ostentaban los vencedores y hoy ostentan los hijos de aquellos.

Se ha dicho en multitud de ocasiones de que la historia siempre se repite, primero como tragedia y luego como comedia, aunque la historia que aquí vamos a relatar sobre los mineros republicanos que defendieron aquel gobierno legítimamente constituido en España tenga mucho de trágica y muy poco – nada – de cómica: primero el aparato franquista los redujo a bandoleros de la peor calaña y los fue eliminando dejándolos en las cunetas, luego los padres de la Constitución los ignoraron olímpicamente, dejándolos en las cunetas, para que más tarde los demócratas y progresistas, después de ¡ Veinticuatro años ! de gobiernos del PSOE con mayorías absolutas, los volvieron a ignorar y a dejar tirados en las mismas cunetas…

De izquierda a derecha: Manolo Diaz “CAXIGAL”, Manuel Alonso “Manolin el de Lorío”, Aurelio Díaz “CAXIGAL” y Casimiro Álvarez “CANIJO” en una foto de Constantino Suárez, en L’Esterellu (Quintu Rimoria-enrriba del Pozu Carrio), en octubre de 1.944: “Esto forma parte de la llucha, Manolo. Ye muy necesaria que la xente vea estes fotografíes. Voy a intentar faceles llegar a la prensa internacional…”

Sin lugar a ninguna duda, los hermanos “Caxigales”, Manolo y Aurelio – apodados así por ser naturales de “El Caxigal”, una quintana de casa, hórreo y cuadra en un monte aledaño al pueblo de El Condado, en el concejo de Laviana -, representan una de las caras más dramáticamente sangrientas, sino la que más, de aquella represión llevada a cabo por la brigadilla de la guardia civil, junto con los falangistas y somatenes en el Valle del Nalón. Comprometidos desde muy jóvenes con las ideas comunistas, y contagiados por el ambiente de lucha que se vivía en su entorno social, propiciado desde las minas que poblaban el valle del Nalón, Manolo y Aurelio entrarían a trabajar de mineros con edades de 14 y 15 años respectivamente hasta que, enterados del golpe de estado – origen de aquella guerra incivil que se prolongó desde aquel maldito 18 de julio de 1.936 hasta el 1 de abril de 1.939 –, acudieron al Ayuntamiento de Laviana para alistarse como voluntarios en la defensa de la II República, quedando encuadrados en el batallón 223 de Laviana, para luchar contra aquellos sublevados fascistas que aducían que la República era “un régimen sin legitimidad política y totalmente contrario a la esencia católica de España”.

José Mata Castro, conocido también como el Comandante Mata (San Martín del Rey Aurelio, España, 1 de enero de 1911 – Alès, Francia, 13 de junio de 1989), fue un minero y guerrillero español, uno de los más célebres miembros del maquis asturiano.

Con la caída del frente Norte a manos de los sublevados  naZionales o fascistas, cientos de trabajadores, principalmente mineros, optaron por seguir la lucha en los montes de Asturias, primero como método de supervivencia y, tras la derrota de Hitler, prolongando su actividad armada en busca de una intervención de los países aliados para derrocar a Franco, que nunca se produjo – el propio comandante Pepe Mata alguna vez me comentó personalmente el número de mil hombres, aunque el historiador Piñeiro, precisando mucho más el término “guerrilleros”, fija en unos cuatrocientos efectivos el contingente de alzados en armas en las montañas de Asturias –, entre los que destacaron, desde un principio, los dos aludidos hermanos “Caxigales”, quienes no tardarían en crear su primer grupo de acción, al que se unirían los hermanos Casimiro “Canijo” y Bautista Álvarez, Manuel Alonso “Manolin el de Lorío” y Joaquin Álvarez “El Mancu”, actuando desde los montes de Peña Mayor, una zona muy conocida por ellos, debido a la cercanía de sus pueblos natales.

Apenas si les había dado tiempo a preparar l’abellugu – cueva o refugio – en el monte, cuando recibían la triste noticia del asesinato de su padre Eustaquio Díaz y su hermana Fidela a manos de los asesinos de la contrapartida, tal y como queda recogido en el libro de Gerardo Iglesias “Porque estorba la Memoria”, en boca de Eustaquio Concheso Díaz, nieto y sobrino de los asesinados: “Después de que mis tíos Manolo y Aurelio marcharan al monte, la familia comenzó a ser acosada: registros, interrogatorios, llamadas al cuartel de Laviana, palizas…Ello les obligó a abandonar El Caxigal, para refugiarse en casa de unos familiares de la localidad langreana de Ciaño. Y allí fueron a buscar a mi abuelo y a mi tía el 1º de Mayo de 1.939, subiéndolos hasta El Caxigal, con el propósito de que confesaran el lugar donde se escondían Manolo y Aurelio, pero al no conseguir lo que pretendían, los alejaron un kilómetro de la casa y, en el lugar conocido como La Zueca, después de torturarles durante varias horas, los asesinaron con sus armas de fuego, abandonando los cadáveres, siendo enterrados, allí mismo, donde todavía están sus restos, por tres vecinos de otras aldeas cercanas: Próspero, “de Muñera”; Quico, “el de Ramona”, y Antón, hermano de mi abuela Consuelo.”

Pero,  aquello sólo era un “aperitivo” de la tragedia familiar que se había cebado contra “Los Caxigales”, porque la Brigadilla de la Guardia Civil y los falangistas sólo cesarían  en sus acciones criminales cuando, por fin, pudieron ver y tocar los cadáveres de los dos hermanos, primero el de Aurelio, el 27 de enero de 1.948,  y dos años más tarde Manolo, el 7 de febrero de 1.950, después de haber sido perseguidos y combatidos  por el franquismo con todos los medios y con algunos de los policías más sagaces e implacables, como el zamorano Claudio Ramos, que sería nombrado Inspector Jefe de la Brigada Político Social el año 1.958, después de su paso por la Brigadilla de la Guardia Civil, como principal instrumento, junto a los falangistas y somatenes en la “caza de fugau”, llegando a ofrecer hasta 60.000 pesetas de la época por la captura de los dos hermanos “Caxigales”, Manolo y Aurelio, responsables de la guerrilla comunista en el Valle del Nalón.

Mi tía Encarna – sigue relatando su nieto y sobrino Eustaquio Concheso – “sufrió tantas palizas como detenciones, que fueron muchas, y su marido Arsenio moriría en el Penal del Dueso a causa de las torturas recibidas (…) Mi madre, Carmen, sufrió lo indecible a base de palizas y detenciones continuadas, acabando con sus huesos en el Campo de Concentración de Figueras en Castropol (…) A Pacita le ocurriría más de lo mismo que a sus hermanas, recibiendo paliza tras paliza, siendo llevada por la guardia civil y los falangistas al monte con ellos, como cebo o escudo, para intentar cazar a sus hermanos “Los Caxigales” (…) José Caxigal, hermano de mi abuela Consuelo, sería salvajemente torturado hasta acabar en la cárcel , siendo condenado a muerte por un tribunal militar (…) A Antonio de la Ferrera, primo de mi madre, lo cogieron a la salida del cine en Laviana, desapareciendo para siempre, pudiendo ser uno de los que fue arrojado al interior del Pozu Funeres (…) Las hijas de José Caxigal – Pilar, Josefina e Isabel – también fueron víctimas de aquella feroz represión fascista contra la familia de “Los Caxigales”, hasta que Pilar, no pudiendo soportar más palizas, pasaría la frontera francesa estando embarazada…”, pero aquello en absoluto sirvió  para doblegar la moral de aquellos dos mineros valientes, “fundidos en un sólo metal”, que siguieron participando activamente en la primera línea, de todas y cada una de las acciones del “maquis”.

Pozo Funeres en la Campa Gües de la Peña Mayor.

De todas las atrocidades cometidas durante esta etapa de sangre y dolor, una de las mayores fue la que se produjo en el Pozu Funeres el 13 de abril de 1.948, cuando fueron arrojados a su interior un número indeterminado de personas que, siendo conducidos a punta de fusil por la brigadilla y somatenes falangistas de Tuilla y Laviana fueron arrojados al interior del Pozu Funeres en los montes de la Peña Mayor, contando en todo momento con la bendición de la iglesia católica, apostólica y romana que durante la confrontación cainita en absoluto se mantuvo neutral sino insurgente.

Documento presentado por el compañero José Peláez Prado ante el Gobierno Civil de Oviedo, el mes de junio de 1966, con la firma de algunas personas, entre las que me cabe el honor de ser uno de los firmantes y aportadores de dinero (10 pesetas) para financiar el acondicionamiento digno de la Fosa Común de Oviedo.

Así, cuando apenas se habían apagado los ecos de la emboscada realizada en aquella maldita noche del 27 de enero de 1.948, que acabó con la vida de diecinueve componentes del “maquis” asturiano, la Guardia Civil, inmersa en su ofensiva represiva y criminal, preparaba una de las acciones más sangrientas de aquella “guerra” escondida. El sargento Fernández de la guardia civil presentaba una docena de somatenes falangistas de la localidad langreana de Tuilla, todos ellos empleados en las minas de Duro-Felguera, al conocido sanguinario “cabo Artemio” de la benemérita (su verdadero nombre era Amador), quien ya era conocedor de la ubicación del Pozu Funeres por indicaciones del famoso somatén y falangista de Pola de Laviana, Secundino, propietario de un estanco en la localidad minera, en cuya trastienda mantenía reuniones con la brigadilla, para informar de los movimientos de enlaces o “guerrilleros del llano” y los familiares de estos.

El primero de los detenidos sería el joven de 24 años Erasmo Alonso Martínez “Lalo”, hijo de un enlace de La Castañal, en Laviana, y hermano del guerrillero Paulino “el animal”, acusado por los somatenes de Tuilla de enlazar y dar munición al “maquis”, aunque ni tenía militancia política ni había tenido ocasión de haber participado en la guerra incivil. En la madrugada del 19 al 20 de marzo sería “sacado” de su domicilio en Barredos de Laviana por la brigadilla y los somatenes, siendo trasladado hasta la misma boca del Pozo Funeres, donde sería interrogado con la pistola del sanguinario “cabo Artemio” en la nuca: “¡Vete dándome los nombres de todos los enlaces de La Hueria y las casas donde se reúnen con los del monte, sino aquí se acaba tú vida!” Como quiera que Lalo se negara a decir una sola palabra, el “cabo Artemio” cumplía su amenaza, pegándole un tiro en la nuca y arrojando su cuerpo al interior del pozo.

Así llegamos al año 1.948, cuando Europa se recuperaba de una devastadora guerra mundial, mientras Asturias seguía viviendo bajo la represión de la dictadura fascista del franquismo. Los guerrilleros y los hombres y mujeres que les ayudaron durante los quince años que duró su lucha sufrieron especialmente los mazazos de esta sistemática y calculada represión, por haber cometido el único delito de luchar por unos ideales democráticos, que a muchos – demasiados – les costó largos años de cárcel y campos de concentración, el exilio o la muerte. Sin embargo, aunque el “maquis” español se corresponda en perfecta coherencia con los movimientos de resistencia antifascista europeos – con la única diferencia de que en Europa los “maquis” triunfaron y en España fueron derrotados –, al tratarse en nuestro país de una historia de vencidos, una multitud de deformaciones y falacias han caído sobre la interpretación y el escaso estudio de esta realidad histórica, en gran parte debido a que los archivos específicos aún siguen en manos de los herederos de los represores.

Al día siguiente del salvaje asesinato de “Lalo”, continuarían las detenciones por parte de la brigadilla y los somatenes falangistas – estos hijos de la gran puta señalaban los domicilios de los candidatos a ser arrojados al interior del Pozo Funeres, pero no entraban al interior de las viviendas, por temor a ser reconocidos por los familiares de los “paseados”– en los pueblos de la Hueria de San Andrés, Soto de Lorío, Bimenes, Barredos y El Condado, siempre en horas de madrugada, entre las dos y seis de la mañana, o en la salida del trabajo, entre los que podemos citar a Silvino Diaz Menéndez, vecino de la Hueria de San Andrés y concejal del PSOE durante el periodo 1.931-36, que trabajaba en el Pozo Sotón, procedente de los “Batallones de trabajadores”; Jesús García Iglesias, de Les Felechoses, en la Hueria de San Andrés, afiliado al PSOE y minero de la Duro-Felguera procedente de un “batallón de trabajadores”; Enrique Suárez Fernández, de Les Felechoses, en la Hueria de San Andrés, minero y propietario del “chigre” en su pueblo; Ramón Rodríguez Arguelles “Costazos”, de La Vara, en Bimenes, minero de la Duro-Felguera procedente de la cárcel donde estuvo condenado a muerte; Fernando Carrio Martínez, 28 años, de Barredos en Laviana; Ceferino González Concheso, de El Condado, en Laviana; Antonio González García, vecino de La Ferrera, en Laviana, y primo de los hermanos “Caxigales”; Fermín Concheso Alonso,  vecino de Soto de Lorío de Laviana, y enlace de “Los Caxigales”.

Lógicamente, aquel terrorífico y sangriento suceso tuvo una gran repercusión, tanto en los niveles locales como internacionales, hasta el punto de que la Embajada inglesa envió a su cónsul en Gijón a verificar los hechos ocurridos, llegando incluso a la O.N.U. el informe elaborado por Luis García Martínez “Luis el del Cantu” y José Mata Castro.

Nicanor Fernández, Marcelo y su hermano Manuel Fernández “Maricos”, mineros formando parte del “maquis” asturiano.

Los hermanos Marcelo, Manuel y Esteban Fernández Fernández “Maricos”, los Rubio, Boger, Josepón, Caxigales, Gitanos, Quintana, Tranquilo, Canario, Camblor, Aladino, Arturo de Pumardenuño, Mamés, Silvino Morán y tantos otros son nombres que han quedado enmarcados para siempre en letras de oro para la historia del movimiento obrero español e internacional, cuando nos referimos a las luchas contra el nazismo realizadas en Francia por mineros asturianos como Cristino García formando parte del “maquis” francés, tal como ha dejado escrito el director del Centro Nacional de Investigación Científica de la República Francesa, Denis Peschanski, el año 2009: “La aportación de los exiliados republicanos españoles a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial fue “única” y debería ser reconocida públicamente. A pesar de las condiciones de acogida miserables, muchos se integraron en la resistencia y participaron muy activamente en la liberación de Francia”.

En efecto, es un hecho muy poco sabido que más de 60.000 exiliados españoles lucharon junto a la resistencia francesa. Para los republicanos españoles la lucha armada contra el fascismo no había comenzado el 18 de junio de 1940 sino el 17 de julio de 1.936 en España, pero la victoria fascista les había obligado a cruzar la frontera para refugiarse y continuar su lucha contra el fascismo, ya que habiendo quedado a salvo del ejército fascista de Franco, en absoluto significaba aquello que habían conseguido la libertad. Más bien todo lo contrario, a juzgar por el trato inhumano recibido a su llegada a tierra francesa, siendo confinados en campos de concentración en las playas de Argeles-sur-mer, St. Cyprien y Barcares, encerrados entre estacas y alambres de púas, donde el abrigo, los suministros y la asistencia médica eran prácticamente inexistentes, amén de la estricta disciplina militar o la prohibición de prensa de izquierda.

Cruz de guerra con estrella de plata francesa para Cristino García.

Uno de aquellos luchadores por la libertad de los pueblos fue el minero asturiano Cristino García Granda, nacido en el pueblin gozoniego de Ferrero, el 3 de junio de 1913, para ingresar en el Sindicato Minero de U.G.T en el año 1.930, trabajando desde muy joven en el Pozo Fondón de la Duro-Felguera, en Langreo, y participando muy activamente en la Revolución de octubre de 1.934 en Asturias. Tras el alzamiento fascista de 1.936 contra la República donde participaría muy activamente en la guerra incivil española,  se exilió en Francia donde fue internado en el campo de concentración de Argeles-Sur-Mer durante once meses, saliendo a trabajar a las minas con otros compañeros asturianos, andaluces y vascos a las explotaciones de carbón en el Departamento de Gard, sin dejar un sólo momento sus actividades clandestinas, hasta dejar conformados, en 1.942, los primeros grupos guerrilleros que poco después constituirían la 21ª Brigada, perteneciente al XIV Cuerpo de Guerrilleros españoles, mandada por el propio Cristino, quedando integrado en Los Franc-Tireurs et Partisans (FTP), fundados en el año 1.942 por el Partido Comunista Francés.

La primera gran hazaña realizada por Cristino y su maquis fuera de las zonas habituales de actuación, causando un gran impacto en todo el Mediodía de Francia, fue el asalto a la Prisión Central de Nimes en la noche del 4 de febrero de 1.944; una cárcel considerada poco menos que inexpugnable al estar considerada como una de las más duras del país, donde se encontraban prisioneros cientos de patriotas resistentes. Sin embargo, la gran hazaña donde Cristino mostraría sus dotes de auténtico luchador, disciplinado, con nervios de acero, y meticuloso hasta donde se posaban las moscas en la preparación de sus operaciones, sería en la batalla de La Madeleine, allá por el mes de agosto de 1.944.

La liberación de París consistió en la entrada de los aliados en la ciudad, pero la batalla había comenzado con una sublevación de la Resistencia Francesa en la ciudad, a la que después se unió la División Leclerc, donde participaron muy activamente muchos republicanos españoles, tanto en la resistencia como en las tropas de la División Leclerc, hasta el punto de que las primeras unidades militares que entraron en Paris estaban compuestas por antiguos miembros del Ejército Popular Republicano.

Efectuado el desembarco de Normandía, sus guerrilleros habían recibido la orden de no dejar circular a los nazis, aislándolos, cercándolos y combatiéndolos hasta que las fuerzas lo permitieran –Cristino y 35 maquis contra un ejército alemán de 2.000 hombres, todos ellos dotados de un potentísimo dispositivo bélico –, de tal manera que se les impidiese cualquier movimiento para evitar que los nazis se desplazasen al norte para reforzar las defensas nazis de Normandía, donde a partir del 6 de julio se libraban las primeras y decisivas batallas para derrotar a Hitler. Al final, después de una cruenta batalla, aquella caravana motorizada de los nazis quedaba totalmente inmovilizada, sin poder avanzar ni retroceder, viéndose obligados a levantar la bandera blanca de la rendición, no sin antes de que el jefe nazi, teniente coronel Konrad  A. Nietzsche, se desnudase para rociarse de gasolina y pegarse un tiro en la parietal, incapaz de afrontar el pánico de caer en manos de un puñado de guerrilleros españoles y avergonzados por haber capitulado ante tan insignificantes fuerzas. Aquello fue lo que motivó la frase del mismísimo Eisenhower: “El esfuerzo de La Resistencia sobre el día D vale el de 15 divisiones regulares completas de un ejército”.

Cristino García, entraría  clandestinamente en España el 9 de abril de 1945 para continuar la lucha contra el fascismo franquista, siendo detenido el 18 de octubre del mismo año en la Plaza Mayor de Madrid y trasladado a la D.G.S. donde fue torturado salvajemente, para acabar en la cárcel de Carabanchel, donde sería fusilado al 21 de febrero de 1.946, después de un consejo de guerra celebrado el 22 de enero en el Gobierno Militar de Madrid, todo él plagado de mentiras y falsas acusaciones, donde el abogado defensor trató de exculparle diciendo que había entrado en España engañado, a lo que interrumpió Cristino con su valentía característica que “él había venido a España perfectamente convencido a luchar contra el franquismo y que volvería a hacerlo cuantas veces fuera necesario. Es falso que nosotros somos gente engañada. Somos patriotas antifranquistas convencidos, que no hemos abandonado la lucha contra los verdugos y sus lacayos falangistas. Sé muy bien lo que me espera, pero declaro con orgullo que mil vidas que tuviera los volvería a poner al servicio de la causa de mi pueblo y de mi patria…”

Es decir que, si muy difícilmente se hubiera salvado con aquella declaración, la condena a muerte de aquel minero, símbolo de la resistencia francesa, teniente coronel del ejército francés, héroe nacional de Francia y no se sabe cuántas condecoraciones alcanzadas en su lucha encarnizada contra el fascismo, era más que segura.

Antón Saavedra, Faustino Zapico y Rafael Velasco entregando una de las peticiones para nombrar hijo predilecto de Asturias a Cristino García, entre otros, el 13 de junio de 2013.

En mis muchas visitas a las zonas mineras francesas de Carmaux, Albi, Tarbes, Ales, Toulouse, Nimes, Perpiñán y otras, siempre me había llamado la atención la cantidad de monolitos y placas colocadas en las calles y plazas de sus pueblos como recuerdo de los luchadores republicanos españoles muertos por defender la nación francesa contra el nazismo. Sin embargo, aquí, en Asturias, el gobierno autónomo ni siquiera ha tenido la dignidad de un mínimo reconocimiento hacía estos luchadores por la libertad y la democracia en España, denegando, año tras año, las peticiones realizados por Famyr y otras organizaciones de la Memoria Histórica. ¡¡¡Está claro que Cristino García nada tiene que ver con la oligarquía de los Masaveu!!!

Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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Una respuesta a ELLOS ERAN MINEROS

  1. Koldobika Gómez Antolín dijo:

    Buenos días Antón : muchas gracias por tu enorme trabajo y esfuerzo por mantener la Memoria de los hermanos minerus y maquis que, generosamente, defendieron con DIGNIDAD lo que otros nos arrebataron…Tengi el honor de haber recibido de un mineru y su esposa el libro”Represion de los tribunales militsres franquistas en Oviedo” Cuarta edición 1-3-1994 de 1.324 ejemplares. Editado por Felicísimo Gómez Villota a petición de mi madre Basilia Villota Obeso y de los condenados a muerte en la cárcel de Oviedo(1.937-1.952) La actual Junta Directiva de la Asociacion de Viudas de lis Defensores de la República y del Frente Popular en Asturias “Rosario Acuña” cuya Presidenta es María de las Alas Pumariño, han rechazado la Dignidad de que éste libro siga Editado a nombre de dicha Asociación…
    El libro consta de 546 páginas y es otra obra MAGNÍFICA que conservo mientras viva…pero no creo que mis hijos sean capaces de leer, conservar y enseñar a nadie…Puede que lo tenga que dejar a alguien que lo CUIDE y conserve con el mismo AMOR que fue escrito con lágrimas de sangre…Tengo en el recuerdo el Alto de la Colladiella y el relato de un hombre a la puerta de su hórreo y su panera cerca de Langreo donde vivía Samuel Iglesias, primo carnal de Gerardo, y que nunca olvidaré…
    Un gran abrazo y ha ocurrido que el fascismo ha sido, de nuevo, votado en el País de los Vascos y en Galicia…afirmando que éstos pueblos “enfermos” olvidan los esfuerzos de tantas personas que entrevaron sus vidas para una sociedad que asesina a sus abuelos, padres y a sus propios descendientes…
    La abstención supera el 47% aquí y el FRACASO de los podemitas es un hecho…como estaba previsto…Deben salir de éste “gobierno indecente” y liderar el levantamiento Civil ante los proyectos de nuevos asesinatos con las vacunas “mejoradas” con OGM…
    Eres un baluarte de Cultura para sonrijo de lks jenízaros y traidores “sucialistas” y “podemitas”…

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