EL MIEDO, UN LUJO QUE NO TE PUEDES PERMITIR (I)

Desigualdad, frustración y descontento. Ralentización económica y guerra comercial con un corolario inquietante: quien controle los datos, como antaño se dominaban los territorios y los mares, será el dueño del mundo. Pestes medievales como el coronavirus. Hasta los poderosos de la tierra, reunidos en Davos, suscriben la receta: la necesidad de profundas reformas en el sistema para preservar un capitalismo sostenible.

El gobierno de España nos ha vuelto a conmocionar con otra declaración de alarma después de haber transcurrido más de seis meses de la anterior sin presentar en las Cortes iniciativa alguna para aprobar un marco legislativo adecuado. Es verdad que un terremoto nos puede hacer temblar una vez, pero no es menos cierto que, a partir de los destrozos ocasionados por el mismo, hay que comenzar a fortalecer las construcciones, cuestión que no se ha hecho, a la vista de la cruda realidad que volvemos a vivir. Todo había sucedido de una manera muy rápida. De la noche a la mañana un virus había comenzado atacando la salud, para seguir con la economía y, finalmente, con el armazón político y nuestra manera de organizarnos en la sociedad. Era una situación extraordinaria, absolutamente nueva y desconcertante que noqueó a casi 8.000 millones de personas, que comenzamos a vivir pendientes de algo tan invisible como mortal, donde los medios de comunicación sustituyeron el miedo por el análisis y la investigación.

Antes de nada, quiero decir que no soy epidemiólogo, ni virólogo, ni mucho menos me considero un conspiranoico, entre otras cuestiones porque aún me funciona la cabeza moderadamente bien, y porque nunca entendí los procesos históricos como explicados por una sucesión de conspiraciones sino marcados siempre por la lucha de clases dentro de un formación económica y social dada, siendo muy consciente del funcionamiento de la economía bajo el capitalismo, rigiéndose en todo momento por la máxima de la rentabilidad, donde el gasto social nunca es rentable, dejando muy claro que los gobiernos que ocupan las poltronas ministeriales no son más que títeres de un guiñol.

A  lo largo de mi trayectoria sindical y política si algo he aprendido es que detrás de lo que vemos en la pantalla existe otro mundo, también real, pero oculto, con sus propios intereses y sus maneras de presionar a los gobernantes y a los ciudadanos para lograr sus propósitos, un mundo real e invisible formado por una psique distinta a la del resto de los mortales, que colaboran entre sí para hacerse cada vez más poderosos, poniendo siempre por delante su arma principal de la mentira.

Pues bien, a raíz de nuestro arresto domiciliario producido como consecuencia del estado de alarma decretado con fecha 14 de marzo de 2020 por el gobierno español, tuve ocasión de tener en mis manos la revista The Economist – propiedad de las élites financieras que dominan el mundo -, con una inquietante portada en la que aparecía una mano gigante sujetando con una correa un pequeño hombre, como si fuera sacado  a pasear y a hacer sus necesidades, exactamente lo mismo que él hace con el perro que sostiene de su correa. Sobre las cabezas de ambos, un contundente titular: “Every – thing’s under control” (“Todo está bajo control”), al que le sigue el no menos sugerente subtítulo Big government, liberty and the virus (“El gran gobierno, la libertad y el virus”). ¿Qué significa una portada como la descrita, nos preguntaremos? ¿Qué nos quieren decir los “amos” del mundo con ese escalofriante “todo está bajo control”? Desde luego, no hay que ser demasiado listos para darse cuenta de que los que estamos “bajo control” somos todos nosotros, riéndose en nuestras propias caras mientras nos siguen matando y enfermando a la espera de otra visita del bicho, si es que este se acaba marchando.

De esa manera, estamos viendo cómo las promesas electoreras que hicieron los gobiernos progreliberales de España, Italia o Portugal de solidaridad europea para la reconstrucción tras la pandemia se tornan lanzas contra las clases trabajadoras de estos países, en forma de nuevos recortes sociales y privatizaciones de servicios, y cómo sus economías quedan convertidas definitivamente en las de hacer de criados empobrecidos y endeudados del IV Reich bajo bandera pirata de la Unión Europea. Es verdad que la propaganda oficial tiene mucha fuerza, sobre todo cuando desde el Gobierno español se pretende vender como un triunfo lo que en realidad fue un fracaso como, de hecho está sucediendo con el cacareado dinero de Europa, pero no es menos cierto que la cruda realidad de la batalla que enfrentó en aquel Consejo Europeo a unos países contra otros fueron los llamados “frugales” los que se llevaron el gato al agua, concediendo el mínimo para que el invento continuase vivo y funcionando, pero dejando a los países del sur casi moribundos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido recibido entre aplausos por los ministros a su llegada al Palacio de la Moncloa tras volver de Bruselas, donde el Consejo Europeo ha alcanzado un acuerdo para construir un fondo de recuperación que ayude a los países a sobreponerse de la crisis del coronavirus (21 de julio de 2020)

El presidente del Gobierno ha permanecido durante cuatro días en la capital belga para alcanzar un pacto que finalmente ha llegado en la madrugada del martes, 21 de julio. Y veremos, una vez más, como tantas veces ocurrió a lo largo de la historia, como la llamada izquierda juega el papel de quinta columna contra la clase trabajadora, y el fascismo da un salto de gigante desde una plataforma ya muy sólida hacia la conquista de los bastiones definitivos de la gobernabilidad europea. Y seguiremos viendo cómo quienes dan el golpe de gracia a la razón política hacen compatibles programas descarnadamente capitalistas y antisociales, revestidos en ocasiones de asistencialismo social, con la represión política más brutal contra la clase trabajadora y las libertades políticas.

Conozco a gente desesperada que llevan siete meses esperando el Ingreso Mínimo Vital, una fórmula de asistencia laica del Estado que les ha excluido de los derechos ligados al trabajo porque, para el capital y sus esbirros políticos, la clase trabajadora no es más que un dato estadístico, formado por individuos a los que tratan como carne de cañón. Todas las invocaciones  con apariencia humanitaria que hacen unos y otros respecto a los más débiles ante el tsunami de la pandemia y sus efectos económicos, así como las supuestas medidas paliativas tomadas, no son más que propaganda que no se concreta en otra cosa que tirar balones hacia adelante, intentando que el sistema capitalista salga de ésta lo menos damnificado, mientras confían en nuestra capacidad de resignación y aguante ante las consecuencias de sus dos crisis, la del bicho y la acumulada, tras la anterior, y consecuencia de una economía zombi tras la eclosión de la pandemia.

Todos los días vemos las colas del hambre ante los organismos correspondientes habilitados en cada rincón del país, cuando no rebuscando por los contenedores de la basura, sustituidos ahora por las colas de los receptores de los ingresos de los ERTE (muchos de los cuales acabarán en despidos) ante los bancos, que tampoco es que cobren unos estipendios precisamente jugosos. Un cambio de protagonistas en las filas que se debe a que el final del Estado de Alarma permitió “respirar” a quienes deben buscarse la vida dentro de la economía sumergida, ahora con menos ingresos aún que en el pasado porque la demanda laboral de empresarios, negocios variopintos – legales e ilegales -, que aprovechan su necesidad de trabajo es menor, dada la situación económica y la situación ventajosa de la patronal, que ahora puede pedir más por menos ¿Quién dijo que el capitalismo era un fracaso?

El estigma social en cualquiera de esas colas es evidente porque te señala, lo mismo que la tarjeta para familias vulnerables, creada a partir de la pandemia en Madrid, para comprar alimentos y productos de higiene, un chivato público de la condición de pobre cuando tengas que mostrarla en la caja del supermercado.

Acerca de ANTON SAAVEDRA RODRIGUEZ

Hola a todos, soy Antón Saavedra y vivo en la cuenca minera asturiana del Nalón. Nacido en Moreda de Aller, (Asturias) el 30 de mayo de 1948, desde la edad de cinco años vivo en la barriada minera de La Juécara (LANGREO). Allí, en la Academia Mercantil de La Felguera (Frailín) cursé mis estudios de bachillerato por libre, y a la edad de 20 años, después de haber sido despedido de Constructora Gijonesa, Duro Felguera y Montajes de Ciaño por motivos sindicales, empezé a trabajar en la minas de Hunosa (Pozo Fondón) con la categoría de ayudante barrenista hasta el año 1974 que pasé a desempeñar el cargo de Graduado Social en el Grupo Siero (Pumarabule y Mosquitera). Posteriormente me licencié en Relaciones Industriales por la Universidad de Alcalá de Henares, y actualmente curso estudios para la licenciatura de Ciencias Políticas. Afiliado a la UGT y al PSOE en los inicios de los años 70, fui secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT (1976-1989), vicepresidente de la Internacional de Mineros (1978-1990), y miembro del Comité Ejecutivo Confederal de UGT (1976-1988).Desde 1986 hasta 1994 ocupé un lugar en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en representación de España. Durante este periodo participé como ponente en varios congresos y conferencias sindicales a nivel internacional, actuando en nombre de los trabajadores españoles ante la OIT, siendo autor del libro-informe publicado bajo el título “EL CARBON:UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS ENERGETICA”, que fue asumido por unanimidad de los miembros de la CECA como ponencia base en el debate sobre la politica energética comunitaria en 1991. Entre los años 1991 y 1998 fui diputado del Partido de Acción Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento Asturiano por las lista de IU, así como miembro de sus respectivos comités ejecutivos federales. Soy autor de “SECUESTRO DEL SOCIALISMO” y “EL HEREDERO DE SURESNES” de muy recientísima aparición.
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